Patologías

Usos médicos con cannabis

En dosis pequeñas, el compuesto principal de la marihuana podría detener la progresión del Alzheimer

Concentraciones extremadamente bajas de THC (delta-9-tetrahidrocarbocannabinol), el principal constituyente psicoactivo en el cannabis, podrían detener o frenar la progresión de la enfermedad del Alzheimer, de acuerdo con un nuevo estudio publicado en Journal of Alzheimer’s Disease.

 

Utilizando un modelo celular del Alzheimer, neurocientíficos de la Universidad del Sur de Florida, en Estados Unidos, demostraron que dosis mínimas de THC reducen la producción de beta-amiloide, una proteína presente en forma soluble en la mayoría de los cerebros maduros y cuya acumulación se considera una de las características principales de este tipo de demencia.

Una disminución en los niveles de beta-amiloide significa una menor agregación, lo que podría proteger contra la progresión de la enfermedad del Alzheimer. Las bajas concentraciones de THC también mejoraron selectivamente la función mitocondrial, necesaria para mantener un cerebro sano.

“El THC es conocido por ser un antioxidante potente con propiedades neuroprotectoras, pero este es el primer indicio de que el compuesto afecta directamente la patología del Alzheimer al disminuir los niveles de beta-amiloide, inhibir su agregación y mejorar la función mitocondrial”, declaró el Dr. Chuanhai Cao, autor principal del estudio.

Puesto que el THC es un inhibidor de amiloide natural y relativamente seguro, en un futuro podría ser empleado en el desarrollo de un tratamiento eficaz contra el Alzheimer. En las bajas dosis estudiadas, los beneficios terapéuticos del THC parecen prevalecer sobre sus riesgos. Sin embargo, los investigadores señalan que aún se debe investigar más al respecto. Pronto comenzarán una prueba sobre ratones genéticamente modificados.

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LINALOOL: LA ‘LAVANDA DEL CANNABIS’ QUE AYUDA A FRENAR EL ALZHÉIMER

Actualmente no existe ninguna cura eficaz para hacer frente a esta terrible enfermedad degenerativa, que provoca una pérdida de memoria y de otras funciones cerebrales. Es por esto por lo que los investigadores tratan de hallar una fórmula que permita bloquear el avance de esta enfermedad o retrasar su llegada a medida que envejecemos.

Pues bien, un estudio publicado en 2016 demostró que el linalool puede ser un gran aliado para hacer frente al alzhéimer. El experimento realizado por distintos investigadores de la Universidad de Antioquia, en Medellín (Colombia), concluyó que este terpeno presente en el cannabis puede revertir algunas de las alteraciones conductuales y cognitivas que provoca esta enfermedad. Además, en los ratones en los que aplicó el tratamiento se comprobó que podía llegar a reducir el número de placas y marañas celulares que contribuyen a la degeneración cerebral.

No obstante, este no es el primer beneficio del linalool que se ha detectado para el cerebro. Antes se había comprobado que, gracias a su efecto ansiolítico, evitaba la liberación de neurotransmisores de las neuronas estimuladas por el glutamato, de tal forma que permitía en algunos casos reducir la ansiedad y, en otros, acabar con las convulsiones provocadas por los ataques de epilepsia. A esto se suma que, como buen analgésico, permitía relajar los músculos, reduciendo la excitabilidad de las células de la médula espinal que transmiten las señales de dolor que llegan al cerebro.

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Conductas de confusión en la enfermedad de Alzheimer

En 1997 se publicó un estudio sobre el empleo de dronabinol con pacientes que padecían la enfermedad de Alzheimer y que rehusaban la ingestión de alimentos (Volicer, 1997). El objetivo era, en un principio, evaluar los efectos que tiene el dronabinol en el apetito y el peso. En las tres semanas en las que se administró dronabinol a los pacientes, su peso aumentó bastante más que en las tres semanas en las que sólo se les administró un placebo; y, sorprendentemente, la conducta de confusión mejoró también en estas fases. El estudio no era muy relevante, pues se realizó con tan sólo 15 enfermos, pero los responsables del mismo llegaron a la conclusión de que el dronabinol “es un remedio terapéutico muy prometedor” para las conductas de confusión de los pacientes con Alzheimer.

En el año 2003 se presentó un estudio parecido en el Congreso de la Asociación Americana de Geriatría. En un mes se pudo mejorar considerablemente el estado de intranquilidad de 6 de los 9 pacientes, y la capacidad mental mejoró en tres de ellos. Al principio los enfermos recibían 2,5 mg de THC dos veces al día; después se fue aumentando la dosis hasta llegar a un máximo de 5 mg, dos veces diarias. Todos los pacientes siguieron tomando adicionalmente la medicación habitual.

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Usando THC contra el Alzheimer

El uso de Tetrahidrocannabinol o THC para frenar a las proteínas beta amiloides no es algo nuevo. Ya en 2006 un estudio publicado en Molecular Pharmaceutics sugirió su uso contra el Alzheimer. Por otro lado, otro experimento preclínico llevado a cabo por la Universidad del Sur de Florida en 2014 demostró que el THC en bajas dosis era capaz de inhibir la producción de esta proteína.

Aún así, cabe destacar que la investigación de Salk no solo ayuda a reafirmar que el uso de la marihuana, y concretamente del THC, podría ayudar contra la enfermedad de Alzheimer. Esta investigación también nos vuelve a confirmar algo más: La enfermedad de Alzheimer, en gran parte, se produce por un exceso de inflamación de las células nerviosas como respuesta al exceso de proteína beta amiloide. A pesar de ser una respuesta, puede empeorar mucho la enfermedad, por lo que parar esta inflamación es importante para el tratamiento.

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Cómo la marihuana podría curar el Alzheimer

Según este reciente estudio, publicado en Aging and Mechanims of Disease, ciertos compuestos de la marihuana podrían limpiar las células cerebrales afectadas por proteína beta amiloide, algo que podría detener la enfermedad en sus primeras etapas.

De momento, sabemos que tanto la proteína beta amiloide como la proteína tau podrían causar la enfermedad de Alzheimer. Siempre hemos creído que solo era la primera, pero la proteína tau está cobrando protagonismo en las últimas investigaciones. De todas formas, seguimos sin saber cómo causan estos estragos a nivel cerebral, pero parece que sí sabemos como pararlo (en parte).

Al menos, eso sugieren los investigadores del Instituto Salk, los cuales afirman que tienen pruebas de que el THC o tetrahidrocannabinol, el ingrediente psicoactivo de la marihuana, podría frenar la progresión del Alzheimer en sus etapas iniciales. Al menos, así ha sido en células nerviosas modificadas genéticamente para producir proteína beta amiloide en laboratorio.

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Se ha observado una estimulación del apetito como efecto del THC cuando se ha administrado en forma fraccionada una dosis total de 5 mg. al día. Cuando es necesario, la dosis diaria se puede incrementar hasta 20 mg. En un estudio a largo plazo con 94 pacientes de SIDA el efecto estimulante del apetito del THC continuó durante varios meses, confirmándose los beneficios obtenidos en un estudio corto de 6 semanas de duración. El THC aumentó el apetito al doble en una escala analógica visual en comparación con el placebo y los pacientes tendían a mantener el peso corporal a partir de los siete meses. También se han obtenidos datos satisfactorios en cuanto a ganancia de peso en un estudio con 15 pacientes de Alzheimer’s que se habían negado a comer. Además, los derivados del cannabis pueden mejorar el apetito de los enfermos con cáncer y con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

El THC puede tratar con seguridad y eficacia los síntomas de la anorexia nerviosa

Según un nuevo estudio publicado por The Israeli Journal of Psychiatry and Related Sciences, el THC puede ser un tratamiento seguro y efectivo para los síntomas psicológicos de la anorexia nerviosa.

Para el estudio, los investigadores de la Universidad Hebrea y la Institución de Trastornos Alimentarios de la Universidad de Haifa “evaluaron el efecto de bajas dosis de Δ9-THC oral sobre los síntomas autoinformados de pacientes que sufren de anorexia nerviosa (AN) crónica”.

Nueve mujeres de más de 18 años participaron en el estudio. “Seis fueron diagnosticados según los criterios del DSM-IV con tipo restrictivo AN y tres con un tipo activo de purga compulsiva AN”. Su edad media fue de 45.0 ± 3.2 años y su IMC fue de 16.1 ± 1.6 kg / M2. Completaron anteriormente los cuestionarios y después del tratamiento con Δ9-THC (1 mg / día durante una semana y 2 mg / día durante tres semanas). “El resultado primario fue la mejora en la forma en que los pacientes perciben su comportamiento alimentario”.

Según los investigadores, “se encontraron mejoras significativas en el autocuidado del cuerpo, el sentido de ineficacia, el ascetismo y la depresión”. No hubo cambios significativos en el IMC “.

“El presente estudio es el primero en mostrar una mejoría en los síntomas psicológicos del paciente con AN (anorexia nerviosa) cuando se trata con delta-9-THC, sin efectos secundarios”, concluye el estudio. “Estos resultados alentadores en un grupo de pacientes con AN crónica sugieren que las dosis bajas de delta-9-THC deberían estudiarse más como un complemento al tratamiento de pacientes con AN”.

El resumen del estudio concluye afirmando que el “Δ9-THC puede ser un componente eficaz en el tratamiento de los síntomas psicológicos de AN”.

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Los cannabinoides atenuan la hiperactividad y pérdida de peso en la anorexia

Un nuevo estudio dice que los cannabinoides pueden atenuar (reducir los efectos de) la hiperactividad y la pérdida de peso corporal en la anorexia basado en la actividad. El estudio, publicado por el British Journal of Pharmacology, y publicado online antes de su impresión por Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos.

“Actualmente no existe una terapia eficaz relacionada con los fármacos para esta enfermedad y esto conduce a una alta tasa de recaídas. Los datos clínicos sugieren que una terapia prometedora para tratar y reducir la recurrencia de AN puede estar basada en el uso de fármacos que se dirigen al sistema endocannabinoide (CE) [como los cannabinoides], que parece desregularla en pacientes con AN “.

Con esto en mente, el estudio “investigó si los antagonistas de los  cannabinoides pueden modificar eficazmente los comportamientos anoréxicos y los cambios neuroendocrinos en ratas sometidas a un régimen repetido de ABA con el fin de imitar la condición humana en la que los pacientes experimentan repetidamente enfermedad y recuperación del ciclo.”

Según los investigadores; “Nuestros datos muestran que el tratamiento subcrónico tanto con el receptor CB1 / CB2 agonista natural de Δ9-tetrahidrocannabinol y el sintético agonista de receptor CB1 / CB2 CP-55940 redujo significativamente el peso corporal y la actividad corriente de la rueda en ratas ABA. Estos efectos de comportamiento fueron acompañados por un aumento en la señalización de la leptina y una disminución en los niveles plasmáticos de corticosterona “.

El estudio concluye diciendo que; “En conjunto, nuestros resultados demuestran además que la participación del sistema cannabinoide en una fisiopatología y que las estrategias que modulan la señalización del sistema son útiles para el tratamiento de este trastorno, específicamente en pacientes en los que la hiperactividad física juega un papel central en su progresión y mantenimiento”.

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La marihuana como tratamiento de la anorexia

Un estudio realizado en Bélgica encontró que las personas con trastornos de la alimentación tienen probabilidades de tener un sistema endocannabinoide desequilibrado o disfuncional. Esto significa que los cannabinoides en la marihuana podrían ayudar a equilibrar y corregir los problemas de endocannabinoides encontrados en personas con trastornos de la alimentación. Por supuesto, se necesita más investigación para apoyar estos hallazgos.

Este estudio se realizó en 2011 y estudió a 14 pacientes con anorexia femenina y 16 pacientes con bulimia femenina, por lo que es necesario realizar estudios futuros que involucren a más pacientes y a ambos sexos para comprender realmente los acontecimientos detrás del sistema endocannabinoide y la anorexia.

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El cannabis como estimulante del apetito

Aunque hay pocos estudios disponibles que investiguen, específicamente, el efecto del cannabis en el apetito de los enfermos de anorexia nerviosa, existen múltiples estudios sobre el efecto del cannabis y los cannabinoides en la forma de anorexia que puede afectar a las personas que sufren de ciertas enfermedades debilitantes, como cáncer, SIDA o hepatitis.

En un estudio de fase II sobre el efecto del THC en el apetito de pacientes con cáncer de 1994, se reveló que, de dieciocho sujetos, trece comunicaron una mejoría en el apetito tras el uso de THC, y sin sufrir efectos negativos importantes. Sobre esa base, se consideró que el cannabis era un estimulante del apetito, eficaz y seguro, para pacientes con cáncer. Sin embargo, un estudio más reciente, doble ciego controlado con placebo y realizado en 2006, no se detectaron diferencias significativas en la calidad de vida, tanto en lo que respecta al extracto de cannabis como al THC, en comparación con el placebo.

Mientras que los resultados de los diferentes estudios existentes pueden variar mucho, resulta evidente que el sistema endocannabinoide desempeña un papel importante en el control del apetito y de la alimentación. Estos estudios, realizados en el pasado, han permitido a los científicos comprender, de una manera mucho más profunda, los mecanismos subyacentes del sistema endocannabinoide y el amplio papel que desempeña en la regulación de procesos biológicos esenciales, como el apetito, la ingestión de alimentos y la saciedad.

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El sistema EC y la regulación de la ingestión de alimentos

A medida que nuestra comprensión del sistema endocannabinoide avanza, empieza a tomar forma el papel que juega en el desarrollo y control de enfermedades como la anorexia.

Un estudio, publicado en 2005, descubrió que los niveles sanguíneos del cannabinoide endógeno anandamida aumentaban significativamente en los enfermos de anorexia nerviosa y trastorno por atracones, mientras que se mantenían normales en los pacientes con bulimia nerviosa. Los investigadores también averiguaron que los niveles de anandamida estaban relacionados, inversamente, con los niveles de grelina, otra molécula que participa activamente en la regulación del apetito y la ingesta de alimentos.

La relación entre la señalización de la grelina y el sistema endocannabinoide se ha estudiado ampliamente, y se ha observado que el THC puede actuar, con eficacia, como sustituto de la grelina en los pacientes con cáncer que reciben quimioterapia. El papel de la grelina consiste en estimular el sistema nervioso periférico y finalmente el cerebro, con el fin de producir sensaciones de hambre cuando el estómago está vacío. Si se produce una ausencia de grelina por alguna razón (en pacientes que reciben quimioterapia, ciertos medicamentos inhiben la liberación de grelina), no se manifiesta la sensación de hambre, ni siquiera cuando el estómago está vacío, y el paciente puede convertirse en anoréxico.

Teniendo en cuenta que la anandamida cumple muchas de las mismas funciones biológicas que el THC, es comprensible que en los pacientes con trastorno por atracones, una gran cantidad de anandamida favorezca una ingesta excesiva de alimentos. No está claro por qué los pacientes con anorexia nerviosa no experimentan (o pueden resistir) el deseo de comer con una cantidad parecida de anandamida.

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Los productos derivados del cannabis pueden producir estados agudos de ansiedad o pánico. Pero, sin embargo, también pueden ser eficaces en el caso de los trastornos causados por la ansiedad y en los ataques de pánico que aparecen sin ninguna causa externa. Un hombre afectado por estos trastornos comunicó a su doctor en el año 2002 lo siguiente: Había comenzado nueve meses antes a sufrir ataques casi a diario sin ningún motivo aparente. Además, padecía de náuseas, mareos y pérdida de apetito. El médico le había recetado medicamentos fuertes pero él no quería tomarlos durante tanto tiempo. A los cinco meses empezó a consumir cannabis unas tres veces a la semana, no cuando sufría los ataques, sino entre ellos. Los ataques de pánico se fueron presentando cada vez con menos frecuencia e intensidad. Ahora, ya no tiene mareos ni náuseas, y ha vuelto a recuperar el apetito. Y los ataques de pánico han desaparecido casi por completo.

El cannabis puede afectar a la memoria y esto explica que pueda provocar estados de ansiedad. Científicos del Instituto Max-Planck de Psiquiatría de Múnich han demostrado en un estudio del año 2002 que el sistema cannabinoide endógeno juega un papel muy importante en la supresión de recuerdos (Marciano, 2002). Los ratones a los que se les administró un bloqueador para el receptor cannabinoide (de tal manera que los endocannabinoides no podían acoplarse a estos receptores) mostraron en el experimento una considerable reducción de la supresión de la angustia. Los animales -condicionados a asociar un tono de música con un electrochoque- mostraban una reacción de miedo, y siguieron reaccionando de igual forma incluso cuando el tono no era seguido por el electrochoque. Los ratones normales dejaron de tener miedo al tono cuando éste dejó de acompañarse del electrochoque, pero los tratados necesitaron bastante más tiempo para olvidar el miedo. Los investigadores descubrieron que el área del cerebro llamada amígdala cerebral -importante para la memorización de recuerdos y temores- se inundaba de endocannabinoides cuando los ratones iban olvidando paulatinamente la respuesta al choque aprendida.

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Investigadores de la Universidad de Yale (EEUU) se preguntaron por qué muchos esquizofrénicos consumían cannabis, y llegaron a la conclusión de que sería porque éste mitiga la ansiedad y el estrés (Cristal, 1999). Aunque el cannabis empeore los síntomas de la esquizofrenia, los afectados pueden olvidar más fácilmente los aspectos negativos.

Muchas personas que han vivido situaciones violentas o traumáticas sufren durante años pesadillas y ansiedad. Es lo que se denomina “trastornos de estrés post-traumático”. Muchos afectados afirman que los productos derivados del cannabis son más eficaces que otros medicamentos a la hora de superar estas experiencias. Así lo recogen, por ejemplo, numerosos informes de soldados estadounidenses que estuvieron en Vietnam y que padecieron durante décadas las consecuencias de las experiencias vividas en la guerra (Gieringer, 2001).

Los enfermos que sufren enfermedades orgánicas graves padecen a menudo distintos miedos (al dolor, al propio desasimiento, a la soledad, a la muerte). Estos miedos, que se alivian sobre todo con el apoyo de las personas de su entorno, también se pueden mitigar con los productos del cannabis.

El efecto broncodilatador del cannabis

Existe evidencia sobre el uso de cannabis como tratamiento para el asma desde la década del 70 [1,2]. En cuanto a datos de estudios preclínicos, hay evidencia que sugiere un papel del sistema endocannabinoide en la regulación del tono del músculo liso bronquial [3]. Mientras que estudios en animales con cannabinoides clásicos y sintéticos sugieren un posible rol de estos compuestos en el tratamiento del asma [4-6].

En la década de 1970, los primeros estudios clínicos demostraron una disminución significativa de la resistencia de las vías aéreas y un incremento en la conductancia de vías respiratorias en específico (en hombres sanos  fumadores habituales de cannabis), poco después de fumar cannabis [1,7]. Este efecto se ha atribuido en gran medida a las propiedades broncodilatadores del THC [8].

Sin embargo, para los asmáticos, los beneficios de fumar cannabis es probable que sean mínimos. Si bien fumar cannabis parece disminuir los broncoespasmos, aumentar la broncodilatación y mejorar modestamente la función respiratoria en algunos asmáticos[9-11], el humo del cannabis contiene gases nocivos y partículas que irritan y dañan el sistema respiratorio [8]; Por lo que fumar no es una terapia viable para el asma. Sin embargo, se han estudiado métodos de administración  de THC alternativos, por aerosol o administración oral. Dosis de 100 y 200 mg de Δ9-THC en aerosol mejoró significativamente la función ventilatoria en los asmáticos y fueron generalmente bien toleradas [12,13]. En otro estudio, dosis de 5-20 mg de  Δ9-THC en aerosol aumentó rápida y eficazmente la conductancia de las vías respiratorias en sujetos sanos, pero, produjo broncodilatación o broncoconstricción en asmáticos [14].

Por otra parte la administración oral de 10 mg Δ9-THC o 2 mg nabilona (cannabinoide sintético) no produjo broncodilatación clínicamente significativa en pacientes con obstrucción de las vías respiratorias reversible [2,15,16].

En un  estudio reciente publicado en 2014, investigadores hallaron que que el THC y otros cannabinoides sintéticos bloquean las contracciones musculares en tejidos aislados de bronqueos humanos, causadas ​​por una molécula de señalización llamada acetilcolina mediante la activación de los receptores CB1, lo que podría explicar el efecto broncodilatador producido por fumar marihuana [17].

Si bien, la marihuana fumada, puede no ser útil para el tratamiento periódico del asma, debido al efecto irritante del humo y los posibles efectos psicoactivos. La administración oral, o por medio de vaporizadores serían las alternativas para su uso terapéutico. También, los cannabinoides pueden ser de utilidad por su acción inmunomoduladora, interviniendo la naturaleza inflamatoria de la enfermedad. Lo que representa una nueva y prometedora vía de tratamiento.

Actualmente se están desarrollando derivados sintéticos hidrosolubles de cannabinoides (ya que los fitocannabinoides son liposolubes) para favorecer su administración en forma de aerosol. No obstante, aún no se evalúa su eficacia clínica.

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Opta por vaporizar

El cannabis tiene el potencial de aliviar los síntomas experimentados por los pacientes de asma, independientemente del método de consumo. Sin embargo, esto no significa que todos estos métodos sean igual de eficaces. Tampoco significa que usar cualquiera de los menos aptos para el asma sea completamente inofensivo.

Fumar cannabis sigue siendo una opción, pero dependiendo de la gravedad de la enfermedad, puede empeorar una crisis relacionada con el asma ya existente, o incluso provocar una. Por otra parte, los productos comestibles, debido a ciertas variables como el tiempo, tardan más en liberar sus efectos y se pueden utilizar como tratamiento a largo plazo, pero no serían lo bastante fiables en caso de un ataque. Esta es la razón por la que cuando se trata de un tratamiento de emergencia, vaporizar es sin duda la mejor opción para el cannabis y el asma. No sólo la liberación de los cannabinoides en el cuerpo es casi perfecta, sino que los riesgos para los pulmones se reducen completamente al mínimo.

Por supuesto, fumar cannabis no es perjudicial para el cuerpo humano normal sano. Sin embargo, si eres asmático, tienes que estar atento a todo lo que pueda deteriorar la calidad de los elementos químicos que entren en tu sistema respiratorio.

No hace falta decir que la calidad del vaporizador es muy importante, incluso si se utiliza únicamente con fines recreativos. En pocas palabras, un vaporizador mal fabricado, o no adaptado, no vaporiza correctamente, por ejemplo, combustionando la sustancia utilizada en lugar de vaporizarla, lo que hace que toda la experiencia resulte bastante inútil.

Y, por supuesto, si usas un vaporizador de este tipo en el contexto de una enfermedad respiratoria, podría llegar a ser un obstáculo más que una fuente de alivio.

Comprar artículos en forma de bolígrafo puede resultar tentador por razones de portabilidad. Sin embargo, cuanto más pequeño sea el vaporizador, más posibilidades hay de que los elementos básicos rindan poco o simplemente estén ausentes.

En base a esta afirmación, los vaporizadores de mesa suelen proporcionar un rendimiento satisfactorio. Sin embargo, hay vaporizadores portátiles que también pueden resultar de gran utilidad.

No utilices “dabs” de cannabis (para medicarte)

Los dabs son cada vez más populares. Los dabs de cannabis medicinal también van en aumento, pero en el contexto del asma, simplemente no cumplen los requisitos. El dabbing no equivale a la vaporización, ya que potencialmente puede exponer a tus pulmones a una experiencia abrumadora. Además, la potencia de la mayoría de los dabs puede ser un peligro, sobre todo si estás ya en un estado de gran estrés y/o ansiedad.

No fumes tabaco

Fumar tabaco puede resultar extremadamente perjudicial para los pulmones, sobre todo a largo plazo. En el caso de los asmáticos, sus efectos negativos pueden tener un impacto bastante inmediato.

Dependiendo de la gravedad de tu asma, fumar cannabis también puede ser perjudicial. Vaporizar puede proporcionar algo así como una experiencia parecida, sin casi ningún riesgo.

No dejes tu tratamiento farmacológico

Puede ser tentador dejar de tomar los fármacos por completo, especialmente cuando los resultados inducidos por el cannabis superan las expectativas. Sin embargo, la evidencia anecdótica existente, incluido este artículo, no es suficiente para garantizar la seguridad en todas las situaciones posibles relacionadas con el asma.
El asma tiene una naturaleza impredecible, ya que depende literalmente de cientos de factores que van desde los medioambientales a los hábitos alimenticios, o al estado psicológico. Irónicamente, incluso podrías sufrir un pequeño ataque de pánico después de darte cuenta de que tu inhalador no está en el bolsillo, lo que podría a su vez desencadenar un problema relacionado con el asma. No hay que subestimar los múltiples efectos que los medicamentos que te han recetado pueden tener sobre ti, incluido el efecto placebo.

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Los experimentos sobre los efectos anti-asmáticos del THC o del cannabis datan principalmente de los setenta y son todos estudios rigurosos. Los efectos de un cigarro de cannabis (2% de THC) o de THC oral (15 mg) respectivamente, corresponden aproximadamente con el beneficio que se obtiene con la dosis terapéutica de un broncodilatador habitual (salbutamol, isoprenalina). Dado que la inhalación de los productos del cannabis pueden irritar la superficie de las mucosas, deberían desarrollarse otras alternativas de administración sistémica junto a la vía oral. Algunos pacientes experimentaron broncoconstricción tras la inhalación de THC.

Antiinflamatorio

Los cannabinoides son muy conocidos por sus efectos antiinflamatorios, y aunque hasta el momento, la mayoría de los estudios sobre el cannabis y el asma se han centrado principalmente en el efecto broncodilatador, algunos también han observado una reducción en la inflamación bronquial. Por otra parte, actualmente se investiga el cannabis por su capacidad para producir terapias específicas para las enfermedades inflamatorias inmunes moduladas.

Se han descubierto receptores cannabinoides en el tejido pulmonar humano, aunque en concentraciones relativamente bajas, y se cree que desempeñan un papel fundamental en la regulación de la inflamación, las contracciones y las dilataciones musculares, y en diversos procesos metabólicos. Sin embargo, la investigación sobre la respuesta inflamatoria inmune modulada (y cómo el cannabis puede ayudar) está dando sus primeros pasos.

Broncodilatador

La capacidad del cannabis para actuar como broncodilatador es quizás su propiedad más importante en lo que se refiere al tratamiento del asma. Durante un ataque de asma, los bronquios (la red de ramificación de tubos que transportan el oxígeno a los alvéolos) se contraen, haciendo que el nivel de flujo de oxígeno se reduzca drásticamente.

Generalmente, el grado de broncoconstricción durante un ataque se determina mediante las mediciones de flujo espiratorio máximo, que se toman a los pacientes y se comparan con lecturas tomadas en circunstancias normales. Por lo tanto, se puede determinar la diferencia entre el tipo normal de flujo de aire y el flujo de aire limitado durante un ataque.

En varios estudios, se ha demostrado que la administración de cannabis en diferentes formas puede mejorar, considerablemente, la broncoconstricción tanto durante un ataque de asma como en circunstancias normales (los enfermos de asma grave suelen presentar un flujo de aire inferior a la media en comparación con los no asmáticos, incluso cuando no se está produciendo un ataque).

A principios de la década de 1970, se publicó una serie de estudios que investigaron los efectos broncodilatadores del cannabis para los asmáticos. En un estudio realizado en 1973, se observó que el humo del cannabis, a diferencia del humo del tabaco, causaba un efecto broncodilatador. En un estudio de 1974, se demostró que aunque el efecto broncodilatador del cannabis era más débil que el del isoproterenol, duraba más tiempo. En otro estudio realizado en 1976, se descubrió que el cannabis era tan eficaz como el salbutamol, aunque con este último se alcanzaba una broncodilatación máxima algo más rápidamente.

Como ocurre con la mayor parte de la ciencia de los cannabinoides, hay factores que complican la situación. Por ejemplo, en un estudio reciente se descubrió que el cannabinoide endógeno anandamida, de hecho, podía ejercer un efecto bifásico (en dos etapas) en el tejido pulmonar: inhibe fuertemente la constricción bronquial en presencia de un alérgeno o irritante (en este caso, la capsaicina) pero causa constricción bronquial en circunstancias normales, es decir, cuando no se encuentra presente ningún irritante. De hecho, algunos pacientes a los que se administró THC han informado que experimentaban constricción bronquial. Por lo tanto, es necesario seguir investigando para determinar exactamente cómo se deben utilizar los tratamientos de cannabinoides a todos los niveles.

Antiespasmódico

Se cree que el cannabis puede ejercer un efecto broncodilatador principalmente a través de su capacidad para reducir la inflamación. Sin embargo, también se cree que la capacidad del cannabis para reducir los espasmos musculares (contracciones involuntarias) juega un papel importante en el control de la broncoconstricción durante un ataque de asma. Los bronquios y los bronquiolos se componen de músculos lisos, y durante un ataque, se contraen y se estrechan, además de inflamarse.

En un estudio publicado en 2014, los investigadores tomaron muestras de tejido pulmonar bronquial a 88 pacientes humanos y lo sometieron a estimulación de campo eléctrico para hacer que el tejido muscular se contrajese. Luego se administró THC, el cannabinoide endógeno 2-AG, y varios agonistas sintéticos de los receptores CB-I y II. Descubrieron que determinados agonistas del receptor de CB1, incluyendo el THC, reducían las contracciones musculares dependiendo de la dosis. Además, se observó que el cannabinoide endógeno 2-AG no tenía ningún efecto.

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Según casos registrados a lo largo de la historia y en documentos recientes, el cannabis es un buen remedio para combatir el síndrome de abstinencia causado por la dependencia a benzodiacepinas, opiáceos y alcohol. Por esta razón, algunos han hecho referencia a ella como la puerta de salida de las drogas. En este sentido y según los beneficios observados, pueden ser útiles tanto en la reducción de los síntomas físicos como del estrés que ocurre tras abandonar la droga de abuso.

Dependencia al alcohol, a los opiáceos y a los somníferos

Desde hace más de un siglo se viene informando sobre el empleo de los productos derivados del cannabis en el tratamiento de la adicción al alcohol, a los opiáceos y a los somníferos. Hace poco tiempo se ha demostrados también con experimentos en animales su eficacia en los síntomas de abstinencia con los opiáceos. Pero hay que pensar que la adicción es una enfermedad que se puede curar, en primer término, con medidas psicosociales. El cannabis puede representar, a lo sumo, una ayuda.

En 1970 apareció en una revista especializada un informe de un psiquiatra californiano, el Dr. Tod Mikuriya, sobre el tratamiento de una alcohólica de 49 años (Mikuriya, 1970). Su médico constató que tomaba menos alcohol cuando fumaba marihuana. Finalmente le aconsejó que consumiera cannabis siempre que sintiera la necesidad de tomar alcohol. Intentaron encontrar juntos la dosis adecuada para que pudiera, por un lado, dejar el alcohol y, por otro, ir integrándose paulatinamente en la vida social, lo cual funcionó: “Tras cinco meses con un tratamiento de sustitución de alcohol y, por otro, ir integrándose paulatinamente en la vida social, lo cual funcionó: “Tras cinco meses con un tratamiento de sustitución de alcohol por cannabis, su capacidad de razonamiento ha mejorado, y se encuentra menos irascible; además puede pensar y concentrarse mejor”.

Un joven de 25 años, que padece desde hace años una parálisis espástica causada por un accidente, comunicó a su doctor que con la ayuda del cannabis pudo hacer frente a la adicción que tenía al tetrazepam (Myolastan®), medicamento que tomaba para combatir los espasmos. Ahora sólo toma cannabis para mitigar los síntomas espásticos y le va bien.

Un hombre de 45 años escribió: “En enero de 1986 intenté por tercera vez dejar el alcohol. Ya tenía alucinaciones, así que decidí intentarlo yo solo otra vez. Cuando empezaba a temblar, fumaba hachís y los temblores cedían. El desasosiego que me sobrevenía, el miedo irracional y las convulsiones disminuyeron. Gracias al hachís he conseguido restablecerme en relativamente poco tiempo. Después de aproximadamente una semana, ya me encontraba lo suficientemente bien como para salir de la cama. Y hasta ahora sigo estando “seco”.

UNA DE LAS DROGAS MÁS SEGURAS

La verdad es que el cannabis es una droga sumamente segura, y ha demostrado serlo mucho más que la cocaína, las anfetaminas e incluso el alcohol. Sin embargo, sigue siendo una sustancia psicoactiva y causa síntomas de abstinencia en algunos casos.

La imagen estereotipada de la abstinencia de drogas es la de un adicto a la heroína sudando y temblando en un rincón de una clínica de rehabilitación. Solo porque el cannabis pueda provocar síntomas de abstinencia no significa que sean igual de extremos que los que se experimentan cuando se dejan las drogas duras.

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Estudios etnográficos y observacionales

Existen dos estudios en los que se ha hecho un seguimiento a adictos a crack que decidieron deshabituarse consumiendo marihuana. El primero de estos estudios se realizó en la ciudad de Sao Paulo, Brasil, desde un servicio ambulatorio de salud para adictos que querían dejar de consumir. De aquellos que pidieron ayuda para dejar el crack, se seleccionó a una submuestra de 25 sujetos que manifestaron estar consumiendo marihuana como automedicación para combatir los efectos del craving y a los que no se les facilitó otro tipo de tratamiento farmacológico. Se hicieron entrevistas semanales durante nueve meses para evaluar el curso de la deshabituación. Cuatro (16%) sujetos abandonaron el programa durante los tres primeros meses y otros 4 fueron incapaces de dejar el crack y, a pesar de consumir cannabis, mantuvieron su consumo de crack estable durante los nueve meses de seguimiento. Sin embargo, 17 de los 25 sujetos (68%) abandonaron el consumo de crack y refirieron que la utilización de cannabis reducía el craving y les producía efectos positivos subjetivos y cambios concretos en su conducta que les ayudó a superar la adicción. La media de tiempo que tardaron los sujetos en dejar el consumo de crack fue de 5,2 semanas.

El otro estudio de este tipo se realizó en Jamaica con mujeres de clase trabajadora, muchas de ellas prostitutas, adictas al crack. Se trató de un estudio de tipo etnográfico en el que durante nueve meses se hizo un seguimiento a 33 mujeres (la mitad de ellas adictas al crack y la otra mitad ex-adictas) registrando sus consumos de drogas, sus estilos de vida y sus relaciones personales y sociales. Las usuarias de crack están especialmente estigmatizadas en Jamaica por parte de la cultura rastafari, estigma que se incrementa si además son prostitutas, a pesar de que la mayoría de estas mujeres hayan sido iniciadas en el crack por hombres. Un riesgo especialmente alto lo corren las mujeres que trabajan en el sector turístico, pues se sirven de ellas los traficantes para que sean las que provean de crack a los turistas. Lo que encontró este estudio es que cuando aquellas mujeres adictas al crack que se decidieron a utilizar marihuana (‘ganja’) empezaron a tener una mejor calidad de vida: dormían y se alimentaban mejor, se ocupaban más de su apariencia física (algo muy importante en la cultura rastafari), dedicaban más tiempo a sus hijos e incluso, de las 14 mujeres que dejaron completamente de utilizar crack en ese período de 9 meses, 13 lo atribuyeron al consumo de ganja. La marihuana, para estas mujeres, les permitió tener una mejor calidad de vida y ser capaces poco a poco de dejar el crack y de reincorporarse a la cultura rastafari gracias a su consumo de marihuana. De acuerdo con la autora de este informe, la marihuana, en vez de haber sido una puerta de entrada hacia drogas más duras, había sido una puerta de salida.

Estas primeras experiencias anecdóticas acerca del potencial uso del cannabis como sustancia sustitutiva de drogas más peligrosas, tanto legales como ilegales, se están encontrando también cada vez más frecuentemente en lugares donde el cannabis medicinal está legalizado, como es en el caso de estudios realizados en pacientes que acuden a dispensarios de los Estados Unidos y de Canadá. Dentro de este tipo de estudios, quizás los más interesantes son aquellos que han encontrado que el cannabis puede reducir el consumo de opiáceos en pacientes con dolor crónico. Debido a que los opiáceos inducen tolerancia, los pacientes necesitan subir con el tiempo sus dosis de opiáceos, lo cual aumenta el riesgo de sufrir sobredosis. Por otra parte, el consumo de opiáceos de farmacia se está convirtiendo en epidémico en los Estados Unidos, tanto entre pacientes con dolor crónico como en personas que lo toman sin prescripción médica, hasta tal punto que se ha convertido en la primera causa de muerte accidental en aquel país. El cannabis se ha demostrado que opera sinérgicamente con los opiáceos, de tal forma que su combinación permite reducir las dosis de opiáceos de cara a conseguir un efecto analgésico óptimo. Las posibilidades de que el cannabis permita reducir la dosis de opiáceos no solo es interesante de cara a los enfermos con dolor crónico, sino también para reducir la mortalidad por sobredosis. Un estudio epidemiológico publicado reciente ha encontrado que las muertes por sobredosis han disminuido desde 1999 en aquellos estados norteamericanos en los que se ha legalizado el cannabis medicinal. En este sentido, otro estudio reciente ha encontrado una relación estadísticamente significativa entre el consumo reciente de cannabis y una menor frecuencia de uso no médico de opiáceos entre usuarios de opiáceos por vía intravenosa.

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¿Por qué el cannabis puede ser un potencial tratamiento para las drogodependencias?

Partiendo de las evidencias en investigación animal que muestran que el CBD reduce el craving a diferentes sustancias, primero diseñaron un estudio controlado en el que co-administraron en el laboratorio a voluntarios sanos CBD y fentanilo (un potente opiáceo sintético) para evaluar la seguridad de su co-administración antes de administrar CBD a pacientes dependientes. Una vez confirmada la seguridad del tratamiento, seleccionaron a un grupo de dependientes a opiáceos que llevaban 7 días abstinentes. A la mitad les administraron CBD (10-15 mg/kg) durante tres días consecutivos y a la otra mitad placebo. Siete días después del inicio del tratamiento se les sometió a una serie de pruebas en el laboratorio en las cuales se les presentaban imágenes relacionadas con el consumo de heroína, es decir, crearon en el laboratorio claves contextuales de inducción al consumo. Hubo una reducción dramática y estadísticamente significativa en las medidas de craving y de ansiedad tras la presentación de los estímulos en aquellos sujetos que recibieron CBD. También, a los siete días, las puntuaciones generales de craving eran significativamente menores en aquellos sujetos tratados con CBD.

Lo que tienen de interesante estos resultados es que se ha encontrado eficacia en la reducción del craving en un fármaco que no actúa contrarrestando los efectos farmacológicos de la sustancia de la que los pacientes son dependientes, sino precisamente sobre lo que se viene defendiendo en este texto (y que es de aceptación generalizada hoy día por la comunidad científica): que el problema de las adicciones tiene que ver con la anticipación de la recompensa más que con el disfrute de la recompensa en sí. El CBD se ha mostrado eficaz en este estudio piloto, así como en investigación preclínica, para romper el juego de contingencias entre aparición de estímulos contextuales que incitan al organismo a perseguir una recompensa y la búsqueda de la recompensa en sí. Pareciera como si el CBD atenuara el efecto de las claves contextuales reduciendo su saliencia atencional, o en términos legos: reduciendo su atraer la atención del individuo, desplazando su apremio por la obtención de la recompensa. De confirmarse en estudios clínicos futuros este nivel de eficacia, tendríamos entre manos un tratamiento que, por fin, ha roto con la idea equivocada de la adicción como enfermedad y que confirma que su efecto es sobre el comportamiento, no sobre una eventual enfermedad cerebral necesitada de tratamiento farmacológico sintomático. El CBD no actuaría entonces sobre eventuales síntomas de una eventual enfermedad, sino sobre las causas del mantenimiento de un hábito conductual.

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El Institute of Medicine y el Rand Corporation’s Drug Policy Research Center concluyen que “la marihuana no tiene ninguna influencia causal sobre la iniciación en las drogas duras”. En contraste, aumenta la evidencia de que el cannabis puede ser usado como una transición para abandonar dependencias de sustancias más peligrosas como los opioides, el alcohol, medicamentos, cocaína y tabaco. Por ejemplo, en aquellas jurisdicciones donde el consumo de marihuana es legal, las investigaciones han constatado una reducción constante del abuso de opioides y la mortalidad asociada. Poco después de la legalización, las muertes asociadas a opiáceos y heroína se redujeron un 20% según datos de la Journal of the American Medical Association. En general, los investigadores del estudio concluyeron que “los estados con leyes sobre el cannabis medicinal tienen una tasa media anual de mortalidad por sobredosis de opiáceos un 24,8 por ciento menor que la de estados sin leyes sobre el cannabis medicinal”. Los datos publicados el pasado mes de abril en la revista Drug and Alcohol Dependence también reportan una dramática disminución en las hospitalizaciones relacionadas con analgésicos opiáceos después de la legalización.

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Estudios clínicos

Desafortunadamente, a pesar de la abrumadora evidencia preclínica y la anecdótica evidencia proveniente de los estudios observacionales, a día de hoy no existen ensayos clínicos en los que se haya puesto a prueba experimentalmente la hipótesis de que el cannnabis y/o los cannabinoides tienen potencial antiadictivo. De hecho, por ejemplo, un artículo reciente cuestiona que exista evidencia suficiente como para considerar el cannabis como tratamiento sustitutivo del alcohol. Lo mismo podría considerarse para el resto de drogas. Aún así, lo cierto es que en el plano práctico la legalización del cannabis terapéutico en muchos estados norteamericanos ha llevado a normalizar su consumo hasta tal punto que existen clínicas de desintoxicación a drogas que permiten a los pacientes utilizar cannabis. Un estudio ha encontrado mejores resultados en indicadores como terminación del tratamiento, problemas médicos o problemas con la justicia entre aquellos pacientes a los que se les permitió consumir marihuana mientras se desintoxican de otras drogas. En este sentido, otro estudio ha encontrado una mayor tasa de adhesión al tratamiento en pacientes con patología dual (Trastorno por déficit de atención y Dependencia de cocaína) entre aquellos pacientes que consumían marihuana durante el proceso de tratamiento. Por eso en la comunidad científica se está pidiendo que se resuelva esta brecha que existe entre el nivel de evidencia pre-clínico y observacional, y la evidencia proveniente de ensayos clínicos. Por lo que respecta a quien esto escribe, junto con la Dra. Raquel Peyraube tenemos precisamente un estudio autorizado por el Comité de Ética del Hospital de Clínicas de Montevideo, Uruguay, pendiente de aprobación por parte del Ministerio de Salud. Estudio que si algún día se aprueba vendrá precisamente a dar respuesta a lo que los mencionados especialistas vienen pidiendo a la comunidad científica que resuelva.

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El papel de la marihuana en la crisis de los opiáceos

PCannabis y opiáceos, dos sustancias muy diferentes pero que forman parte de un debate muy importante en el ámbito de paliar el dolor crónico. Los opiáceos son un gran grupo de medicamentos que van desde los ilegaleas, como la heroína, hasta los legales como la codeína, la morfina o el fentanilo. Estos últimos existen con el propósito de ayudar a los pacientes que sufren de dolor crónico. Son medicamentos efectivos, ya que consiguen reducir la emisión de mensajes de dolor que el sistema nervioso envía al cerebro, pero a al vez cuentan con una gran desventaja: pueden generar mucha dependencia durante su tratamiento. Así, cuentan con efectos secundarios que van desde estreñimiento, vómitos y náuseas. Aunque a la larga pueden entrañar problemas más serios relacionados con la dependencia, el abuso y la sobredosis.

Estos efectos secundarios no deseados están llevando a muchos terapeutas a reconsiderar estas medicaciones y buscar opciones alternativas. No nos pilla por sorpresa que el Cannabis medicinal está jugando un papel relevante en la sociedad actual. Especialmente en el ámbito de paliar efectos secundarios adversos de tratamientos con quimioterapia, dolor crónico y más afecciones graves. Por eso cada vez suenan con más fuerza estudios científicos que avalan el tratamiento de este dolor crónico con derivados del Cannabis como el CBD. Por lo que el debate que enfrenta a Cannabis y opiáceos está servido.

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Las sensaciones experimentadas tras el consumo de cannabis pueden aliviar temporalmente las dolencias físicas y psíquicas. El cannabis puede alegrar un poco la vida. Y es sabido por todos que el ánimo y la alegría de vivir afectan de manera muy positiva en el transcurso de una enfermedad, y que el decaimiento y la desesperación son una mala medicina. La intensidad de los efectos psíquicos del cannabis se puede controlar mediante la dosificación. En el estudio mencionado anteriormente se demostró que una dosis baja es suficiente para producir ligeros efectos antidepresivos sin que se llegue a dar una alteración psíquica notable.

Un enfermo de leucemia (leucemia mieloide crónica, LMC) al que se le prescribió dronabinol para los efectos secundarios provocados por la quimioterapia (pérdida de apetito y náuseas) notó, como muchos otros pacientes, sus efectos antidepresivos: “Estoy tomando dronabinol desde noviembre de 2001; normalmente 500 mg al mes. Entre julio de 2001 y septiembre de 2002 se controló la LMC con 260 microgramos de interferón a la semana. A partir de octubre de 2002 empecé a tomar en su lugar 400 mg diarios de imatinib. Cuando empecé a tomar por primera vez dronabinol, en noviembre de 2001, tuvo un efecto liberador. Comencé a interesarme nuevamente por el mundo; quería y podía escuchar música otra vez, quería y podía leer el periódico de nuevo. El dronabinol me ayudó claramente a superar la depresión física y psíquica provocada por el interferón, e hizo mis días más llevaderos. Pero el dronabinol no pudo hacer frente, al final, a la fuerza del interferón. Creo que una dosis mayor de THC tampoco hubiera surtido efecto. Desde que se me retiró el interferón tomo THC como antidepresivo. Más vale tomar 20 mg de dronabinol (THC) al día que 150 mg de Zoloft”.

Depresión neurótica

Según las experiencias que algunos médicos han tenido con el dronabinol, el THC puede ser eficaz no sólo para las depresiones reactivas (aquellas que aparecen a raíz de una enfermedad grave), sino también para las llamadas neuróticas (un estado de ánimo deprimido, apatía y tristeza durante semanas, e incluso meses, sin que haya ningún motivo especial para ello). Un ejemplo extremo: Una joven tomaba regularmente 13 medicamentos o más, según las necesidades, entre ellos neurolépticos, antidepresivos, analgésicos y tranquilizantes, y ahora sólo necesita tomar tres veces 5 mg de dronabinol (THC) y un antidepresivo. Sus padres le tienen que financiar el dronabinol porque el seguro médico se niega a correr con los gastos.

Otro afectado escribió a su médico contándole que, tras tener que mudarse de ciudad, sus nuevos doctores dieron por sentado que el consumo de cannabis era el responsable de sus problemas psíquicos: “Como puede ver en el informe que le adjunto, padezco desde hace muchos años depresiones, dolores musculares y otros trastornos somáticos, que las distintas terapias que he hecho no han podido curar del todo. Gracias al consumo fortuito de cannabis en casa de un conocido pude advertir que mis dolencias se aliviaban considerablemente. El cannabis mitigó en buena medida los estados de ansiedad, la tristeza depresiva, los dolores musculares y las náuseas provenientes de mi enfermedad psíquica. Me proporciona una calidad de vida que me permite volver a sentir la alegría de vivir. Los problemas han llegado cuando me he vuelto a mudar. Los médicos de aquí son de la opinión que el cannabis es el responsable de mi enfermedad psíquica, lo que no es cierto”.

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En un estudio realizado en EEUU sobre el dronabinol (THC) en enfermos de cáncer y de SIDA, llamó la atención que muchos pacientes notaron no sólo una mejoría física sino también una mejoría de su estado de ánimo depresivo, producido por la grave enfermedad. (Beal, 1995; Regelson, 1976).

En una encuesta realizada en 1997 a pacientes británicos y estadounidenses con esclerósis múltiple, alrededor del 90% afirmó que el cannabis les suponía una ayuda no sólo para contrarrestar los distintos síntomas físicos sino también las depresiones (Consroe, 1997).

Otra encuesta parecida, realizada entre enfermos de SIDA estadounidenses en el año 2003 y presentada en el Congreso de la Sociedad Americana de Psiquiatría, reveló asimismo que el 57% de los pacientes empleaba el cannabis no sólo para las molestias físicas (como la pérdida del apetito o los dolores) sino para mejorar también su estado psíquico.

Estudios clínicos amplios han probado las propiedades analgésicas de los derivados del cannabis. Entre las posibles indicaciones están el dolor neurológico de la esclerosis múltiple, el originado tras causar daño al plexo braquial, en la infección por VIH, la artritis reumatoidea, el cáncer, el dolor de cabeza, la dismenorrea, la inflamación crónica intestinal y las neuralgias.

El dolor crónico se caracteriza por tener una duración superior a 3-6 meses, puede persistir inclusive si la causa ha desaparecido y puede subclasificarse en dolor nociceptivo (causado por el tejido inflamado o dañado que activa los nociceptores de un sistema nervioso intacto) y dolor neuropático (causado por una lesión o disfunción del sistema nervioso).

Dolor crónico y fármacos convencionales

El dolor es un trastorno universal que supone uno de los mayores retos para la salud pública, tanto en términos clínicos como económicos y que no sólo afecta a la persona que lo padece, sino que tiene una inmensa repercusión en su entorno. No hay nada más desesperante para un paciente y sus allegados que el padecimiento por parte del primero de un dolor crónico, que cuando no es tratado adecuadamente puede llegar a afectar a la dignidad de la persona. Numerosas patologías médicas cursan con dolor: artritis, migrañas, lesiones neuronales, cáncer y un largo etcétera. Actualmente se dispone de una gran cantidad de fármacos para el tratamiento del dolor con un grado de eficacia variable, según cada paciente y cada patología. Cada día hay más investigación en la que se demuestra que el cannabis puede ser tanto un coadyuvante de los fármacos convencionales existentes para tratar el dolor, como una medicina sustitutiva de dichos fármacos. De hecho, de entre todos los pacientes que hacen uso de cannabis medicinal, una de las principales patologías por las que la usan es para tratar el dolor crónico.

Por ejemplo, de las personas registradas en los programas de cannabis medicinal de los Estados Unidos, el 92,2% de los pacientes lo usan para el tratamiento del dolor grave y crónico. Con respecto a una muestra de 628 usuarios de marihuana medicinal en Canadá, el dolor estaba entre los tres principales síntomas. El 72% de los pacientes refirieron que la marihuana fue siempre útil y el 24% que lo era frecuentemente. Aunque algo más de la mitad de la muestra total manifestó usar otras medicaciones; de ellos, casi el 80% refirió que la marihuana tenía menos efectos secundarios que el resto de fármacos.

Con relación a una muestra internacional que incluía pacientes de diferentes países europeos y norteamericanos, la condición médica principal por la que los pacientes utilizaban marihuana medicinal era también el dolor crónico (29,2%). En una encuesta realizada en el Reino Unido entre pacientes que se auto-medicaron con cannabis, el 40% refirió hacerlo para el tratamiento del dolor y, en España, una encuesta realizada sobre 2250 pacientes sobre uso de cannabis medicinal para tratar sus patologías médicas, de los cuales respondió el 5,8%, el 44,6% refirió que lo utilizaba para el tratamiento de los síntomas del dolor. Con relación al alivio de los síntomas, en una encuesta norteamericana compuesta en el 97% por pacientes con dolor crónico, se preguntó por el grado de alivio que experimentaba al utilizar cannabis: en una escala de 0 a 10 de intensidad del dolor, la disminución media fue de 5 puntos (7,8 a 2,8) entre antes y después de consumir cannabis, lo cual implica una disminución relativa promedio del 64%. La mitad de los encuestados informó también experimentar alivio del estrés y la ansiedad secundarios a la enfermedad y casi la mitad (45%) refirió alivio del insomnio. La mayoría de los pacientes (71%) no refirieron experimentar efectos adversos.

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Acción de los cannabinoides

Se sabe de dos cannabinoides responsables de la mayor parte de los efectos terapéuticos del cannabis: el cannabidiol (CBD) y el tetrahydrocannabinol (THC). Y ambas sustancias interactúan con el sistema endocanabinoide (SEC).

El SEC desempeña un papel importante en varias funciones reguladoras. Tales como lo son el apetito, sueño y sensación del dolor por mencionar algunas.

Las enfermedades crónicas suponen un gran peso en quienes las padecen. Los dolores y la dificultad que ello supone, son uno de los principales impedimentos de las enfermedades crónicas. La forma usual de tratar algunos de los dolores es el uso de analgésicos, en algunos casos opioides.

La desventaja del uso de los opioides es el gran potencial adictivo que tienen. Por no mencionar la posibilidad de una sobredosis y lo grave que puede ser el síndrome de abstinencia de opioides. Todo ello ha llevad a países como Estados Unidos a un grave problema conocido como “crisis de opioides”.

Por la interacción de los componentes de la marihuana con el cuerpo. La marihuana tiene el efecto de disminuir la sensación de dolor en las personas. Además, la toxicidad de la marihuana es tan baja que no se tiene registrado algún caso de sobredosis. Lo que la convierte en un candidato ideal para uso analgésico prolongado.

Por las razones mencionadas, muchos pacientes con acceso al cannabis medicinal están optando por esta alternativa.

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Tipo de cannabinoides que interactuan con el dolor crónico

Las propiedades analgésicas de los cannabinoides se deben básicamente a la presencia de los receptores cannabinoides CB1 (y en menor cantidad CB2, y TRPV) a nivel del sistema nervioso central y periférico. Un estímulo de dolor llega a través de las vías nerviosas a la médula espinal y desde ahí es transmitido hacía zonas del cerebro relacionadas con el procesamiento del dolor. La activación de receptores cannabinoides presentes tanto en la médula como en el cerebro inhiben la transmisión de estas señales dolorosas. A nivel periférico además de inhibir la transmisión de señales, la activación de CB2 reduce la liberación de mediadores proinflamatorios en el lugar de la lesión.

El sistema endocannabinoide se localiza frecuentemente junto con el más potente y mejor conocido sistema de control del dolor: el sistema opioide. Ambos están presentes en las principales estructuras nerviosas implicadas en la transmisión del dolor y se ha podido observar un efecto sinérgico entre ambos sistemas en el control del dolor (Mazanares y cols.,1999; Yesilyurt y cols., 2003).

En un estudio cruzado de doble ciego realizado por Wilsey B., se observó la reacción de treinta y ocho pacientes con dolor neuropático central y periférico que se sometieron a tratamiento con cannabis. Aquí se pudo comprobar que sí hubo una respuesta analgésica sobre estos pacientes, además los efectos psicoactivos fueron mínimos y bien tolerados.

Sin embargo, en un estudio realizado por “Clinical Pharmacology and Therapist”, no se observó ningún cambio significativo en la concentración/tiempo en plasma de Morfina (opioide) después de la exposición al cannabis, pero sí se pudo observar una reducción significativa del dolor crónico después de la adición de cannabis vaporizado. Por lo tanto, se concluyó que: “El cannabis vaporizado aumentaba los efectos analgésicos de los opioides sin alterar significativamente los niveles del mismo en plasma, permitiendo que esta combinación logre reducir las dosis del fármaco, junto a sus efectos secundarios”.

A base de estos datos se puede concluir que la administración conjunta de cannabinoides con opioides podría potenciar el efecto analgésico ofreciendo además ventajas de seguridad ya que de esta manera se reduce la cantidad necesaria de opioides y consecuentemente la aparición de efectos secundarios debidos a estos.

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Dolor oncológico

En pacientes con cáncer, la incidencia del dolor es de un 30 a un 90%, según la fase evolutiva de la enfermedad. El dolor oncológico puede ser debido directa o indirectamente al tumor (lesión directa por filtración tumoral o inflamación, compresión, oclusión vascular, obstrucción visceral, invasión de estructuras nerviosas), consecuencia del tratamiento oncológico, o bien de origen no neoplásico. El objetivo de su tratamiento es aliviar el dolor y mejorar la calidad de vida. Se debe identificar la causa en cada caso. El apoyo psicológico es muy importante, la mayoría de pacientes con dolor oncológico desarrollan otros síntomas físicos o psíquicos como anorexia, alteraciones del sueño, alteraciones del humor y del estado global de salud.

Actualmente se recomienda el tratamiento analgésico de tres escalones aconsejado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En cualquiera de los tres escalones se pueden asociar, si es necesario, fármacos adyuvantes, como imipramina o carbamacepina en caso de dolor neuropático, bifosfonatos en caso de dolor por metástasis óseas, o bien dexametasona en algunos tipos de dolor visceral y en el dolor por metástasis intracraneal, entre otros.

La mayoría de los pacientes con dolor oncológico necesitan tarde o temprano tratamiento con opioides. Estudios observacionales sugieren que cerca de un 70% de los pacients con dolor oncológico reciben opioides, y de éstos un 12% son tratados con dosis altas de morfina y presentan efectos indeseados frecuentes, como constipación (74%), náuseas (42%) o vómitos (36%).

Añadidos al tratamiento de base en pacientes con dolor oncológico, los cannabinoides podrían mejorar el control del dolor y reducir las necesidades de opioides. Estos pacientes se podrían beneficiar no sólo del efecto analgésico del cannabis y sus derivados, sino también de sus efectos sedante, ooroxígeno y antiemético, los cuales podrían contribuir a mejorar la calidad de vida.

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Dolor neuropático crónico en pacientes adultos

Los fármacos con cannabis pueden aumentar el número de pacientes que logran un alivio del dolor del 50% o más en comparación con placebo (21% versus 17%; diferencia de riesgos [DR] 0,05 [intervalo de confianza (IC) del 95%: 0 a 0,09]; NNTB 20 [IC del 95%: 11 a 100]; 1001 participantes, ocho estudios, evidencia de baja calidad). La evidencia de mejoría en la Patient Global Impression of Change (PGIC) con cannabis se consideró de calidad muy baja (26% versus 21%; DR 0,09 [IC del 95%: 0,01 a 0,17]; NNTB 11 [IC del 95%: 6 a 100]; 1092 participantes, seis estudios). Más participantes se retiraron de los estudios debido a eventos adversos con los fármacos con cannabis (10% de los participantes) que con placebo (5% de los participantes) (DR 0,04 [IC del 95%: 0,02 a 0,07]; NNTD 25 [IC del 95%: 16 a 50]; 1848 participantes, 13 estudios, evidencia de calidad moderada). No hubo evidencia suficiente para determinar si los fármacos con cannabis aumentan la frecuencia de eventos adversos graves en comparación con placebo (DR 0,01 [IC del 95%: ‐0,01 a 0,03]; 1876 participantes, 13 estudios, evidencia de baja calidad).

Los fármacos con cannabis probablemente aumentan el número de pacientes que logran un alivio del dolor del 30% o más en comparación con placebo (39% versus 33%; DR 0,09 [IC del 95%: 0,03 a 0,15]; NNTB 11 [IC del 95%: 7 a 33]; 1586 participantes, 10 estudios, evidencia de calidad moderada). Los fármacos con cannabis pueden aumentar los eventos adversos del sistema nervioso en comparación con placebo (61% versus 29%; DR 0,38 [IC del 95%: 0,18 a 0,58]; NNTD 3 [IC del 95%: 2 a 6]; 1304 participantes, nueve estudios, evidencia de baja calidad). Los trastornos psiquiátricos ocurrieron en el 17% de los participantes que utilizaron fármacos con cannabis y en el 5% de los que utilizaron placebo (DR 0,10 [IC del 95%: 0,06 a 0,15]; NNTD 10 [IC del 95%: 7 a 16]; 1314 participantes, nueve estudios, evidencia de baja calidad).

Los posibles efectos beneficiosos de los fármacos con cannabis (hierba de cannabis, THC obtenido de la planta o sintético, aerosol para la mucosa oral de THC/CBD) sobre el dolor neuropático crónico podrían importar más que sus posibles efectos perjudiciales. La calidad de la evidencia para los resultados de alivio del dolor refleja la exclusión de los estudios de los participantes con antecedentes de consumo de sustancias y otras comorbilidades significativas, junto con los tamaños pequeños de la muestra.

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En una serie de síndromes dolorosos secundarios a procesos inflamatorios (por ejemplo la colitis ulcerosa y la artritis), los productos del cannabis pueden actuar no solo como analgésicos sino además con un demostrado efecto anti-inflamatorio. Por ejemplo, algunos pacientes que utilizan cannabis manifiestan necesitar menos esteroides y otros antiinflamatorios no esteroideos. Además hay algunos casos registrados de beneficio en pacientes con diversos trastornos alérgicos que se han automedicado con cannabis. Aún no está claro el mecanismo por el cual los productos del cannabis benefician determinadas enfermedades autoinmunes.

Inflamaciones y alergias

El THC afecta al sistema inmunológico de manera compleja, pero no se ha investigado aún lo suficiente para comprenderlo en su totalidad. Ante todo, es inmunosupresor, de tal forma que los productos derivados del cannabis inhiben la excesiva actividad del sistema inmunológico.

No se ha realizado todavía ningún estudio clínico con personas, sin embargo se deben presentar aquí algunos de los posibles usos terapéuticos, ya que muchos pacientes han tenido buenas experiencias en el caso concreto de sus enfermedades, que coinciden con los resultados de la investigación básica. Entre éstas podemos incluir el asma, la inflamación de las articulaciones (artritis), la colitis ulcerosa, la enfermedad de Crohn, la alergia al polvo (rinitis alérgica) y la neurodermatitis. Posiblemente pueda influir también de forma eficaz en los procesos inflamatorios originados por la esclerosis múltiple.

Inflamaciones

El profesor Grinspoon, de la Universidad de Harvard, informó en 1994 sobre una mujer que padecía la enfermedad de Crohn. Gracias al cannabis pudo notar una mejora de los espasmos abdominales y reducir las dosis de la medicación antiinflamatoria.

La enfermedad de Crohn es, como la colitis ulcerosa, una inflamación del intestino, de origen desconocido. Puede afectar a todas las partes del estómago y del intestino, aunque la mayor parte de las veces lo hace más bien en la zona de paso entre el intestino delgado y el grueso. Un síntoma típico son las frecuentes diarreas que pueden ir acompañadas de espasmos abdominales, sobretodo en el hipogastrio derecho. En la mayor parte de los afectados aparecen con el tiempo complicaciones como la oclusión intestinal y los abscesos intestinales, que exigen a menudo una intervención quirúrgica. El tratamiento se hace a base de medicamentos que inhiben la inflamación (como los corticoides) y con aquellos que actúan contra la diarrea.

Un paciente alemán con la enfermedad de Crohn estuvo luchando en 2003 en los juzgados para que se le permitiera emplear el cannabis como medicina, ya que en su caso, a juzgar por su experiencia, era el mejor medicamento. El enfermo ganó el pleito, pues el juez consideró su situación como estado de necesidad. El cannabis le reduce los espasmos abdominales, le abre el apetito y es eficaz para la inflamación crónica. En el verano de 2002 manifestó públicamente, junto a otros pacientes, en la revista alemana Stern que consumía ilegalmente cannabis con usos terapéuticos. También los pacientes que sufren colitis ulcerosa o artritis pueden beneficiarse de los productos derivados del cannabis.

El siguiente informe es el de un hombre que pudo comprobar que el cannabis le venía bien para la epiescleritis que padecía, desagradable enfermedad que cursa con inflamación ocular. En un email a su médico escribía lo siguiente: «He padecido epiescleritis progresiva durante ocho años. Al principio entre dos y tres veces al año; después, entre cinco y ocho veces. En los últimos dos años también tuve escleritis, que tenía que tratar con elevadas dosis de ultracortenol (un preparado de cortisona). Los antibióticos en gotas eran completamente ineficaces. El tratamiento con el nuevo «remedio milagroso» Ecolicin® (eritomicina, un antibiótico) produjo un repentino agravamiento de la inflamación. Otro problema fue que ningún médico era capaz de tratarme del todo. Yo soy el clásico atópico: padezco diversos tipos de alergias (al polen, a los ácaros y al moho), eczema seborreico y ligero asma. Los oftalmólogos no sabían ya qué hacer conmigo pues los análisis de sangre no daban nada. Los médicos de medicina general tampoco pudieron apreciar nada. Después de largas pesquisas en internet, pude saber que el cannabis es eficaz con distintos problemas de salud que padecen los atópicos. Así que lo probé. Hace justamente ya dos años que no tengo epiescleritis. Fumo el medicamento una vez a la semana, y posiblemente sería suficiente con una vez cada 15 días. En una ocasión dejé de consumir cannabis durante tres meses y la inflamación apareció de nuevo. Esta vez pude frenar la inflamación rápidamente fumando un cigarrillo de cannabis y aplicando al mismo tiempo, durante un día entero, Inflaneran® en gotas».

Ya en los años setenta se investigó en experimentos con animales el efecto antiinflamatorio del THC y de los extractos de cannabis. Sofia y sus colegas comprobaron en 1973 en un experimento que el THC reducía la reacción inflamatoria en cinco de las once sustancias estudiadas que provocaban inflamación (Sofia, 1973). El THC no era, en general, tan eficaz como los otros antiinflamatorios con los que se le comparó, la aspirina y la cortisona; en algunos tipos de inflamación, el THC era superior a la aspirina y en un caso tenía el mismo efecto que la cortisona.

En los últimos años se ha descubierto por qué los cannabioides inhiben la inflamación. El THC influye en el comportamiento de las llamadas citoquinas, mensajeros producidos por determinados glóbulos blancos, los llamados linfocitos T que median en las reacciones inflamatorias y alérgicas del sistema inmunológico (Melamde, 2001). El THC reduce la concentración excesiva de las citoquinas pro-inflamatorias, como el TNF-alfa y el interferón gamma, inhibiendo su liberación de los linfocitos T. En la artritis reumática y en las inflamaciones intestinales crónicas, como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, se produce un exceso de estas citoquinas pro-inflamatorias, que favorecen la inflamación excesiva. Como ya mencionamos anteriormente, la concentración de receptores cannabinoides aumenta en el intestino cuando hay una inflamación intestinal, para que los cannabinoides puedan tener más puntos de acople.

Hace poco se descubrió que el THC-COOH, un importante metabolito del THC, actúa como inhibidor de la inflamación (Burstein, 2001). El mecanismo de acción es similar al de la aspirina, es decir, inhibe una determinada enzima, la denominada ciclooxigenasa. No obstante, el THC-COOH actúa de forma específica, inhibiendo no todas las formas de ciclooxigenasa, sino sólo aquella que favorece la inflamación. Con ello se evita el típico efecto secundario que tiene la aspirina (gastroerosividad), que puede llegar incluso a provocar hemorragia gástrica. El THC-COOH se origina en el hígado a partir de THC. Se trata del producto de degradación del THC, que aparece en la orina cuando se ha consumido cannabis o THC. En la actualidad se están investigando los efectos y la tolerancia del CT-3 (un derivado sintético del THC-COOH, también llamado ácido ajulémico) en estudios clínicos con enfermos que padecen inflamaciones dolorosas articulares.

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Colon irritable

El colon irritable es una enfermedad en la que se produce una inflamación del intestino grueso de origen funcional, y que cursa con espasmos, sensación de plenitud abdominal, aumento del peristaltismo, motilidad, ventosidades y trastornos de la evacuación con alternancias de diarreas y estreñimiento. Una paciente afectada por esta enfermedad escribió: «Probé por primera vez marihuana hace seis meses. La diarrea y las náuseas que sufría se me quitaron inmediatamente. Se me ocurrió hacerlo porque había oído que era buena para las náuseas y los vómitos que produce la quimioterapia contra el cáncer. Ahora la fumo siempre que comienzo a sentir los espasmos abdominales y las náuseas».

A pesar de que los productos derivados del cannabis más bien estriñen, también pueden actuar como laxante en lo que se refiere al colon irritable, como nos muestra el siguiente informe de un hombre de 36 años: «Padezco de estreñimiento crónico, lo que no me deja pensar en otra cosa desde que me levanto hasta que me acuesto. Cuando más estreñido estoy, más me agobio y, como consecuencia, más me estriño. Es un círculo vicioso. Cuando tomo cannabis me encuentro tan aliviado que a veces hasta gritaría de júbilo. Se me relaja el estómago y creo que el intestino también».

Alergias

Algunos pacientes han informado sobre la experiencia positiva que han tenido con los productos derivados del cannabis en lo que atañe a distintas alergias, como la alergia al polvo. A menudo, los síntomas se presentan con más intensidad en las últimas horas de la tarde y por la noche, que es cuando el nivel natural de cortisona es más bajo. Según estos pacientes, un par de caladas de cannabis puede evitar dichos síntomas.

En la Universidad de Michigan se realizó un estudio con ratones a los que se les había inducido una reacción alérgica a la albúmina. Después de exponerlos a la proteína en forma de aerosol, la reacción alérgica se pudo mitigar gracias al THC y el cannabinol (CBN). Los ratones reaccionaron en las primeras 24 horas con un aumento de citoquinas proalérgicas en el pulmón. También aparecieron otros signos de la reacción alérgica, como el aumento de la inmunoglobulina E en la sangre y de la mucosa de los pulmones. Todos estos signos de inflamación se pudieron reducir considerablemente con THC y CBN. Los investigadores explicaron después en una revista especializada que el cannabis «puede ser beneficioso para el tratamiento de enfermedades alérgicas de las vías respiratorias gracias a su efecto inhibidor de las citoquinas de las células T y de la inflamación que las acompañan». Las propiedades antialérgicas pueden complementar otros efectos terapéuticos en el tratamiento de las enfermedades de las vías respiratorias. En un estudio clínico pequeño realizado con enfermos de asma se empleó el dronabinol para la dilatación de los bronquios, obteniéndose buenos resultados. Otra propiedad que se podría aprovechar es que los cannabinoides endógenos evitan el broncoespasmo y la tos. Pero también en este caso, sólo se ha experimentado con animales. En un estudio del año 2000 se pudo comprobar que cuando se provoca una contracción de los músculos lisos de los pulmones mediante la capsaicina, los endocannabinoides se encargaban de relajarlos (Calignano, 2000).

El uso en la epilepsia es también otras de las indicaciones terapéuticas clásicas del cannabis, los experimentos con animales han evidenciado el efecto antiepiléptico de algunos cannabinoides, y la actividad anticonvulsionante de la fenitoína y del diacepam se ven potenciados con el THC. Según unos pocos casos recogidos a lo largo del siglo 20, mediante el uso del cannabis, algunos epilépticos han sido capaces de controlar totalmente los síntomas. El cannabis puede ocasionalmente precipitar convulsiones.

Parece ser que los cannabinoides endógenos (los endocannabinoides) juegan un papel importante en la contención de las convulsiones. Al menos así se desprende de un estudio realizado en el año 2002 (Wallace, 2002) en el que se evidencia que los endocannabinoides son sustancias inhibidoras de las convulsiones en un modelo de epilepsia en ratones. Si por el contrario se obstaculizan los receptores cannabinoides con bloqueares, las convulsiones aparecen fácilmente.

La epilepsia es una de las indicaciones más antiguas para las que se ha empleado el cannabis, y aún hoy lo utilizan con éxito algunos epilépticos para sus ataques. A pesar de todo, son pocos los estudios que se han realizado al respecto. En algunos de ellos, las dosis empleadas de cannabidiol (entre 200 y 1200 mg) redujeron la frecuencia de los ataques, aunque los resultados fueron, en parte, contradictorios (Cunha, 1980; Trembly, 1992). En un resumen sobre los efectos de las drogas y del alcohol en la epilepsia se señala: “Existen algunas referencias según las cuales la marihuana y sus cannabinoides activos tienen efectos antiepilépticos, aunque éstos pudieran ser sólo para ataques parciales o tónico-crónicos” (Gordon, 2001).

Terrence Parker, de 42 años, fue el primer canadiense al que un juez de Toronto le otorgó en 1997 el derecho de emplear marihuana con fines terapéuticos. Parker sufría epilepsias y llevaba luchando por este derecho desde hacía 20 años. También en Italia, el primer paciente al que se le concedió el derecho legal de utilizar el cannabis con usos medicinales (2001) era un epiléptico de 44 años, que empleaba la droga para controlar su enfermedad y para reducir las dosis de los barbitúricos que tomaba.

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El profesor Paul Consorte y sus colegas dieron cuenta de un joven de 24 años con epilepsia generalizada que no podía controlar su enfermedad con los medicamentos convencionales, fenobarbital y difenilhidatoína (Consroe 1975). Fumando marihuana de forma adicional a estos medicamentos pudo controlar los síntomas de manera satisfactoria. Grinspoon y Bakalar (1994) también informaron sobre dos epilépticos. Uno de ellos era un hombre de 53 años de edad que sólo podía controlar la epilepsia generalizada que padecía a base de sufrir los graves efectos secundarios de los medicamentos que tomaba (fenitonía, primidona, fenobarbital), lo cual le producía fuertes depresiones. En 1976 se le aconsejó que tomara marihuana, y pronto pudo reducir en un 50% las dosis de los medicamentos, produciéndose a la vez una clara mejora de los efectos secundarios y reduciéndose la frecuencia de los ataques.

El cannabis está valorado por los pacientes como el tratamiento más eficaz para la fibromialgia

El cannabis es mucho más eficaz para los síntomas de la fibromialgia que cualquiera de los tres medicamentos aprobados por la Food and Drug Administration. Esa es una de las conclusiones de una encuesta on-line realizada a más de 1.300 pacientes con fibromialgia por las norteamericanas National Pain Foundation y la National Pain Report. La FDA tiene aprobados tres medicamentos – Duloxetina, Pregabalina y Milnacipran – para el tratamiento de la fibromialgia. La mayoría de quienes los han probado dicen que no funcionan. «Siempre es bueno saber lo que opinan nuestros pacientes”, dijo el doctor Mark Ware, profesor asociado de medicina de familia y anestesia de la Universidad de McGill en Montreal, Canadá.

«La fibromialgia es devastadora para aquellos que deben vivir atrapados en sus garras. Hay muchas cosas que no entendemos. Necesitamos soluciones innovadoras … que cambien la faz de esta enfermedad«, dijo el Dr. Dan Bennett, presidente de la National Pain Foundation. Muchos de los que respondieron a la encuesta dijeron que habían probado los tres medicamentos aprobados por la FDA. El 62% de los que han ensayado con el cannabis dicen que es muy eficaz para el tratamiento de sus síntomas de fibromialgia. Al preguntarles sobre la eficacia de los medicamentos aprobados, la Duloxetina fue calificado como muy eficaz por el 8%, la Pregabalina para un 10% y la Milnacipran por el 10%.

Fuente: Marijuana Rated Most Effective for Treating Fibromyalgia

 

El consumo de cannabis reduce los síntomas de los pacientes con fibromialgia

En el Institut de Recerca Hospital del Mar de Barcelona, se llevó a cabo un estudio clínico abierto con 56 pacientes con fibromialgia para investigar los efectos del cannabis sobre los síntomas y la calidad de vida. La mitad de los enfermos eran consumidores de cannabis y 28 no. Se registró la información sobre el consumo de cannabis en un cuestionario específico, así como los beneficios percibidos con dicha planta para una serie de síntomas mediante escalas analógicas visuales estándar. Tanto los consumidores de cannabis como los no consumidores completaron tres cuestionarios relacionados con los síntomas de la fibromialgia y la calidad de vida.

Después de 2 horas del consumo de cannabis las escalas analógicas visuales mostraron una reducción estadísticamente significativa del dolor y la rigidez, mejoría de la relajación, y un aumento de la somnolencia y sensación de bienestar. Las puntuaciones sobre salud mental en un cuestionario fueron mejores en los fumadores de marihuana que en los no fumadores. Los investigadores concluyen afirmando que «el consumo de cannabis se asoció con efectos beneficiosos sobre algunos síntomas de la fibromialgia. Son necesarios más estudios sobre la utilidad de los cannabinoides en pacientes con FM, así como la implicación del sistema cannabinoide en la fisiopatología de esta enfermedad».

Fuente: Cannabis use in patients with fibromyalgia: effect on symptoms relief and health-related quality of life

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Según un estudio piloto el THC reduce el dolor en la fibromialgia

Científicos del Departamento de Anestesiología y Cuidados Intensivos del Hospital Universitario de Mannheim han estudiado el efecto del THC oral en nueve pacientes con fibromialgia, síndrome crónico doloroso de origen desconocido. En los cuatro participantes que terminaron el ensayo de tres meses de duración, el dolor se redujo de media un 67 por ciento. Los cuatro experimentaron una reducción mayor del 50 por ciento. 3 semanas antes del inicio del estudio a los pacientes se les retiró toda la medicación que tomaban contra el dolor. Después recibieron una dosis oral diaria entre 2’5 y 15 mg de THC. Comenzando con 2’5 mg, la dosis fue siendo aumentada semanalmente en 2’5 mg de THC mientras que no apareciesen efectos secundarios severos. Una vez a la semana, 24 horas después de administrado el THC y un día antes de cualquier aumento de la dosis, a los pacientes se les inducía un estímulo doloroso eléctrico. Por otra parte, la intensidad del dolor fue registrada diariamente por medio de una escala numérica del dolor, entre los márgenes de 0 (ningún dolor) y 10 (dolor máximo imaginable).

Cinco de los nueve participantes terminaron el estudio antes de alcanzar la dosis máxima de 15 mg debido a efectos secundarios graves, principalmente sedación, mareos, fatiga y cansancio continuo. El dolor experimental inducido fue reducido de manera significativa por el THC a dosis comprendidas entre 10 y 15 mg. La intensidad del dolor registrada a diario fue reducida de media desde 8’1 al principio del estudio a 2’8 trascurridos los tres meses.

Fuente: Delta-9-THC based monotherapy in fibromyalgia patients on experimentally induced pain, axon reflex flare, and pain relief.

En 1971, durante una investigación metodológica de los efectos sobre la salud en usuarios de cannabis, se observó que el cannabis reduce la presión incraocular. En los siguientes 12 años se llevaron a cabo un gran número de estudios con cannabis y distintos cannabinoides naturales y sintéticos sobre los efectos en el organismo humano así como en pacientes de glaucoma, observándose que el cannabis desciende la presión intraocular en un rango de 25-30%, llegando ocasionalmente hasta un 50%. Algunos cannabinoides no psicoactivos, y en menor medida, algunos constituyentes no cannabinoides de la planta de cáñamo también decrecen la presión intraocular.

Alrededor de tres millones de personas sufren en Alemania de presión intraocular elevada, y 800.000 padecen glaucoma. El riesgo de glaucoma aumenta con la edad. Una de cada 40 personas mayores de 40 años se ve afectada por esta enfermedad y, a partir de los 75 años, una de cada 15. En cerca del 10% de los ciegos con ceguera adquirida, la pérdida de la vista se debe al glaucoma, con lo que se convierte en Alemania en la segunda causa más frecuente de pérdida de visión.

Una característica de esta enfermedad es el lento deterioro del nervio óptico. Es un proceso lento y, en general, se da sin dolor, por lo que a menudo se detecta demasiado tarde, la mayor parte de las veces cuando dicho nervio ya está dañado y la ceguera ha comenzado.

El deterioro del nervio óptico se debe a un incremento de la presión instraocular que, normalmente, está entre los 10 y los 21 mmHg. El aumento por encima de este valor se debe a menudo a un trastorno del drenaje del humor acuoso de la cámara anterior del ojo. La presión puede ascender hasta los 30 o 40 mmHg, e incluso más. Puede darse en cuestión de horas si existe una obstrucción repentina del flujo del agua. En este caso se habla de ataque agudo de glaucoma, que va acompañado por fuertes dolores (conocido en España como “dolor de clavo”). La presión se transmite a través del cuerpo vítreo (una masa gelatinosa que da al ojo su forma redonda) hasta el nervio óptico, que sufre daños por la presión y que puede ir destruyéndose gradualmente si no se trata a tiempo.

En el 30% o 40% de los enfermos de glaucoma, los daños del nervio óptico aparecen sin que se pueda achacar al aumento de la presión intraocular. En este caso se habla de “glaucoma de presión normal”. No se conoce aún la causa exacta que lo produce; sin embargo, se supone que un factor importante es el trastorno del riego sanguíneo de los vasos que suministran oxígeno y nutrientes al nervio óptico.

El glaucoma se puede tratar con colirios o con cirugía (eventualmente, con una intervención con láser), cuyo objetivo es favorecer el flujo del agua en la cámara. Los medicamentos empleados para el glaucoma no son en todos los casos bien tolerados y la operación no siempre tiene éxito. Por eso hay pacientes en Alemania que emplean dronabinol o cannabis para combatir esta enfermedad.

A principios de los años setenta, en un estudio sobre los efectos de la marihuana en el ojo, se descubrió por casualidad que el cannabis fumado reduce la presión intraocular. El Dr. Robert Hepler y la Dra. Ira Frank, de los Ángeles, constataron en 11 pacientes que habían fumado marihuana con 18 mg de THC que, una hora después, la presión intraocular se había reducido en una media del 25% (Hepler, 1971). En dos de los pacientes no se produjo apenas ningún cambio, mientras que en otros, sin embargo se constató una reducción de la presión de hasta un 45%. Por tanto, el efecto sobre la presión intraocular puede variar según los pacientes, como ya sabemos que ocurre con otros efectos del cannabis.

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También se ha intentado usar el THC en forma de colirio, pues se ha constatado que en el ojo existen muchos receptores cannabinoides. Aplicando localmente el cannabis en forma de gotas se pueden evitar mejor los efectos secundarios psíquicos. Pero el THC y otros cannabinoides no son solubles en agua, por lo que es difícil encontrar un excipiente (o sustancia ‘soporte’) apropiado para este fin. A parte de esto, la aplicación local no ha dado siempre los resultados esperados, de tal manera que, hasta ahora, no se han autorizado los colirios de THC como medicamento.

Algunos experimentos han demostrado que el THC reduce la producción de agua en la cámara y que favorece su flujo. Junto a la reducción de la presión intraocular, los cannabinoides pueden favorecer el fortalecimiento del nervio (Pete, 2001). Por un lado, hay receptores cannabinoides en los vasos sanguíneos, y los cannabinoides los dilatan, de tal forma que podrían mejorar el riego sanguíneo. Y por otro, protegen los nervios capturando los radicales libres e inhibiendo la excesiva producción del glutamato (Hampson, 2001). Éste último es un neurotransmisor que se produce en exceso cuando hay una deficiencia del riego sanguíneo con la consecuente carencia de aporte de oxígeno y glucosa, y que contribuye a crear un medio tóxico que puede conducir a una degeneración avanzada del nervio óptico. Por eso, los cannabinoides pueden ayudar en el caso del glaucoma de presión normal. A menudo también es bueno reducir la presión intraocular por debajo de los valores normales.

Los primeros síntomas del trastorno de déficit de atención se dejan notar ya en la infancia. A esto se le puede añadir la hiperactividad. Las personas que padecen hiperactividad o trastorno por déficit de atención son incapaces de estarse sentados tranquilamente, actuar según un plan, concluir una tarea empezada o ser completamente conscientes de lo que ocurre a su alrededor. Dan la imagen de ser un torbellino desorganizado. La hiperactividad suele desaparecer en la adolescencia, pero también hay adultos que padecen tanto hiperactividad como trastornos de déficit de atención.

En diciembre de 2001, la sentencia de un juez de California que permitió a una mujer seguir administrando cannabis a su hijo -que sufría de hiperactividad– fue toda una sensación en la prensa estadounidense. El juez rechazó la apelación de la oficina de asistencia social para retirarle la custodia del niño. La madre declaró que le daba cannabis a su hijo (de 8 años de edad) porque los medicamentos convencionales no surtían efecto con su grave enfermedad. Tras enterarse de que empleaba marihuana en el tratamiento, la oficina de asistencia social le reprochó no ser una buena madre. Ésta había seguido los consejos del médico, que le sugirió probar con cannabis, y declaró en el juicio que el comportamiento de su hijo había mejorado considerablemente; habían mejorado sus cambios de humor y su capacidad para concentrarse, y había hecho amistad con otros niños. Le administraba el cannabis en forma de productos de repostería.

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Existen muchas referencias a los cannabinoides como inductores del sueño. Por ejemplo, en un estudio realizado en un laboratorio durante varias semanas, los consumidores de marihuana dormían más y estaban menos activos cuando consumían mucha marihuana que cuando consumían menos (Babor, 1976). Desde hace cientos de años se sabe que el cannabis afecta al sueño, y por eso se emplea en el caso de los trastornos relacionados con él, aunque los resultados varían según las personas. El médico jefe del hospital de Führt, Bernhard Fronmüller, llevó a cabo un estudio en el año 1869 con exactamente 1.000 pacientes a los que trató con diferentes sustancias inductoras del sueño, entre otras también con cannabis. El 53% de los pacientes se benefició de un extracto de cannabis, el 21,5% notó unos efectos parciales y el 25,5% apenas notó ningún efecto. En el siglo XIX había tendencia a prescribir productos derivados del cannabis especialmente a las personas de edad que padecían insomnio.

A menudo se considera el efecto sedante del cannabis como un efecto secundario. Así, por ejemplo, en un estudio realizado en California con enfermos de cáncer sometidos a un tratamiento con quimioterapia se señaló el sueño como efecto secundario en el 52% de los pacientes que tomaban marihuana para contrarrestar las náuseas y los vómitos, y en el 64% de aquellos a los que se les administraba THC (Musty, 2001). En una revisión publicada en 2001 sobre el efecto de los cannabinoides como inhibidores de vómitos, los autores calificaron sus efectos secundarios como “potenciales efectos secundarios beneficiosos” (Tramer, 2001), por ejemplo, el efecto sedante, la somnolencia y la euforia, pues a menudo las enfermedades graves van a acompañadas de desasosiego e insomnio. Según estos resultados, se puede decir que los efectos sedantes e inductores del sueño aparecen en aproximadamente el 50% de los consumidores de cannabis.

Sin embargo, en el tratamiento de los trastornos del sueño no se debería recurrir a los somníferos (tampoco al cannabis) sin haber intentado antes solucionar el problema por otras vías, como dormir con horarios ordenados, la relajación u otros tratamientos similares, porque se corre el riesgo de que el paciente se habitúe o incluso se haga adicto a estas sustancias, con lo que sería peor el remedio que la enfermedad.

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Hay recogidos una serie de casos de buenos resultados obtenidos en situaciones médicas de difícil clasificación, como el hipo, la hipertensión arterial, el tinnitus, la enfermedad de Huntington, el Parkinson, el síndrome de fatiga crónica, el síndrome de las piernas inquietas, entre otras. Han sido descritas por diferentes autores cientos de posibles indicaciones para el cannabis y el THC. Un ejemplo es el de los satisfactorios resultados en el tratamiento de un caso de hipo crónico secundario a una intervención quirúrgica. Ninguna medicina le era eficaz, pero tras fumar un cigarro de cannabis le desaparecían completamente los síntomas.

Los productos del cannabis muchas veces muestran muy buenos resultados en enfermedades con síntomas múltiples que entran dentro del espectro terapéutico del THC, como por ejemplo, en situaciones dolorosas de origen inflamatorio (como en la artritis), o que acompañan a espasmos musculares (como en los espasmos menstruales o en lesiones de la medula espinal) o en enfermedades en las que coinciden nauseas y anorexia con dolor, ansiedad y depresión (por ejemplo en SIDA, cáncer, hepatitis C).

Autismo

El autismo es un complejo trastorno neurológico del desarrollo que aparece normalmente en los tres primeros años de vida y que afecta a las funciones del cerebro. Los autistas tienen, en general, dificultades para comunicarse con otras personas y para actuar socialmente.

Un médico informó sobre el caso de un joven autista de 17 años con el que probó un tratamiento con dronabinol (THC). Después de suministrarle una dosis diaria de entre 5 y 7,5 mg, su estado de inquietud y distracción mejoró, y también el contacto con su entorno. No ofrecía impedimento a la hora de tomar el medicamento, a pesar de que estos enfermos se muestran normalmente bastante reacios al respecto. En las dos primeras semanas de medicación dormía mucho, lo que le hizo plantearse al médico si debía interrumpir la terapia. Pero después se redujeron los efectos sedantes, apareciendo los beneficiosos. Este médico ha ido acumulando, entretanto, distintas experiencias con otros autistas. Pero habrá que esperar a que se realicen más investigaciones al respecto para poder emitir un juicio fundado sobre la eficacia de los productos derivados del cannabis en este campo.

Parkinson

Esta enfermedad se caracteriza por una lentificación de los movimientos, rigidez de lo músculos y temblores en estado de reposo. Se puede tratar con levodopa y otros medicamentos, y eventualmente también mediante intervenciones quirúrgicas cerebrales. Algunos pacientes que sufren esta enfermedad (también conocida como Morbus Parkinson) han comunicado a sus médicos que el cannabis es eficaz con los síntomas. Sin embargo, en un estudio realizado en 1990 con cinco pacientes no se pudo observar ninguna mejoría (Frankel, 1990).

Científicos de la Universidad de Praga realizaron una encuesta entre pacientes, llegando a la conclusión de que en caso de esta enfermedad, al contrario que en otras enfermedades neurológicas, posiblemente sólo después de un tratamiento con cannabis a largo plazo se pudiera llegar a obtener unos resultados positivos. Esta encuesta se presentó en un congreso internacional sobre la enfermedad de Parkinson celebrado en el año 2002 en EEUU. Los investigadores les pidieron a enfermos que estaban siendo tratados en un centro de Praga que rellenaran un formulario. De los 630 formularios que se enviaron, se devolvieron 339. De éstos, el 25% era de consumidores de cannabis. La mayoría lo tomaba por vía oral (las hojas frescas o secas). De este grupo, 39 pacientes (el 46%) señalaron que los síntomas de la enfermedad empezaron a mitigarse tras empezar a tomar el cannabis. El 31% de los encuestados indicó que se producía una mejoría en los temblores en estado de reposo, y el 45% que la rigidez de los movimientos se suavizaba. El 38% afirmó que se reducía la rigidez muscular, y el 14% declaró que había notado una mejoría en la disquinesia provocada por la levodopa. La mejoría se empezaba a notar, por lo general, a los 1,7 meses después de haber comenzado con el tratamiento de cannabis.

El empleo de la levodopa en el tratamiento del Parkinson provoca a veces disquinesias, que, según un informe de 1985, pueden mejorar con cannabidiol en el caso de algunos pacientes (Sinder, 1985). En un estudio realizado en 1998 con siete enfermos, el tratamiento con nailon redujo considerablemente las disquinesias provocadas por la levodopa, sin que empeoraran los síntomas de la enfermedad de Parkinson (Sieradzan 1998).

Los trastornos del movimiento que aparecen como efecto secundario de la levodopa (disquinesias) se pueden mitigar con cannabinoides. Existen, por el contrario, algunos resultados contradictorios referentes al tratamiento de la enfermedad de Parkinson, cuya contrariedad puede que se deba a que los derivados del cannabis necesitan, en el caso de esta enfermedad, un periodo de tiempo más amplio hasta empezar a surtir efecto.

Nistagmo

Médicos del departamento de Neurología de un hospital de Londres informaron en la revista Neurology sobre un paciente con esclerosis múltiple que padecía nistagmo pendular (Schon, 1999). Se trata de un movimiento convulsivo e involuntario del globo ocular con una frecuencia constante a partir de un punto fijo. Este temblor era muy molesto para el afectado, que comprobó que dos cigarrillos de cannabis podían mitigar los síntomas durante cuatro o cinco horas. Los médicos británicos pudieron constatarlo de diferentes formas (entre otras, con grabaciones de vídeo) en tres días distintos. También pudieron comprobar que se mejoraba la agudeza visual. No se consiguió hacer desaparecer el nistagmo, pero el cannabis fumado redujo su intensidad. Con la administración de dronabinol (THC) en dosis de hasta 40 mg diarios, sin embargo, no se pudo constatar ninguna mejora.

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Tinnitus (zumbido de oído)

Dos pacientes empleaban cannabis para combatir el tinnitus. Uno de ellos afirmó que desaparecía durante más de 24 horas después de fumar cannabis; es decir, bastante más tiempo después de que cediera el efecto psíquico. Un tercer paciente escribió a su doctor en noviembre de 2002 el siguiente email: “Desde hace tres años padezco tinnitus crónico, y tengo la sensación de que desaparece cuando consumo cannabis. Además, ya no sufro los trastornos de sueño que me provocaban los zumbidos. ¿Tiene alguna información que pueda confirmar mis conjeturas?”

También otros médicos que estudian el uso terapéutico del cannabis informan sobre el éxito que puede tener con esta enfermedad. Sin embargo, el tinnitus es una patología muy compleja y se supone que sólo un reducido número de afectados se podría beneficiar con este tipo de medicamentos.

Singulto (hipo)

Hace algunos años apareció en la revista especializada The Lancet un informe sobre un paciente que padecía una infección por hongos del tubo digestivo y que, tras una operación, desarrolló hipo crónico (Wilson, 1998). Se le trató con distintos medicamentos (clorpromacina, nifedipino, ácido valproico, etc.), pero no le fue de mucha ayuda. En el sexto y noveno día después de haber aparecido el hipo se le trató con acupuntura, pero sólo le desapareció durante una hora. El octavo día, el paciente, que no había probado nunca antes cannabis, fumó un cigarrillo del marihuana y el hipo desapareció hasta el día siguiente. El décimo día fumó de nuevo y el hipo desapareció definitivamente. Los autores del informe, Gilson y Busalacchi, concluyeron: “El hipo es una rara enfermedad que no se puede tratar, por eso es improbable que el empleo de marihuana se experimente en ningún estudio clínico. A pesar de que no está autorizado el uso terapéutico de la marihuana, este informe se debería tener en cuenta a la hora de tratar el hipo cuando éste no responda a otros tratamientos”.

Impotencia y disfunción eréctil

La incapacidad para lograr o mantener una erección con la rigidez necesaria para llevar a cabo el acto sexual, la llamada disfunción eréctil, tiene por lo general una causa psíquica, como es el miedo a fracasar. En los últimos años, se ha relacionado así mismo con problemas físicos, como trastornos del riego sanguíneo o determinados desequilibrios hormonales.

También en este contexto el cannabis puede resultar una ayuda gracias a sus efectos como inhibido de la ansiedad y a sus propiedades para relajar tanto física como psíquicamente. A esto se le añade la intensificación de la percepción sensorial -como las caricias- y la dilatación de los vasos sanguíneos. Los productos del cannabis pueden también aumentar la libido en el caso de las mujeres.

Desde antiguo, el cannabis se emplea en muchas culturas como afrodisíaco; y de ahí se puede suponer que le venga la imagen que se tiene de él de algo atractivo y a la vez demoníaco (Abel, 1981). Tradicionalmente se ha relacionado el cannabis con la religión tántrica; y en la medicina ayurveda se considera que los preparados del cannabis incrementan el interés sexual. Lo mismo ocurre con la cultura árabe, en cuya literatura y poesía encontramos testimonios suficientes que hacen referencia a la asociación que se establece entre el cannabis y los efectos afrodisíacos.

En las últimas tres décadas se han llevado a cabo un buen número de encuestas en los países occidentales. Según una de ellas (realizada en 1974 entre 345 estudiantes de Estados Unidos), la marihuana incrementa más el interés sexual en las mujeres que en los hombres -58% y 39% respectivamente- (Koff, 1974). Sin embargo, se dio un número más elevado de hombres que de mujeres en lo que se refiere al aumento del placer sexual -60%, en el caso de los hombres y 43%, en el caso de las mujeres-. Un factor que se resaltó también en esta encuesta fue la dosis. El aumento de la libido y del placer sexual se produce más bien con dosis pequeñas de marihuana que con dosis elevadas.

En 1982, el autor de un artículo de una revista especializada en drogas psicoactivas señaló que el cannabis afecta a muchas personas incrementando sus funciones sexuales, y después apuntó que las personas mayores consumían menos cannabis, a pesar de tener más necesidad de ello: “Es una paradoja que sean las personas jóvenes las que empleen el cannabis con fines sexuales, y que los grupos de edad más avanzada, que lo necesitarían más a menudo, no lo hagan tanto. No se sabe con exactitud la causa de esta bipartición entre necesidad y empleo” (Cohen, 1982).

El tratamiento para los efectos secundarios asociados a la terapia anti neoplásica ha sido una de las indicaciones terapéuticas más documentadas, con alrededor de 40 estudios (con THC, nabilona, otros análogos al THC, cannabis) y la mayoría de los estudios se llevaron a cabo en los 80. El THC administrado de forma aislada necesita dosis relativamente altas, por lo que comparativamente es más frecuente la aparición de efectos secundarios. En un estudio el THC se mostró menos eficaz que altas dosis de metoclopramida. No hay hechas evaluaciones que comparen al THC con los modernos antagonistas serotoninérgicos. Algunas recientes investigaciones han demostrado que a bajas dosis el THC mejora la eficacia de otros fármacos antieméticos cuando se administran juntos. Existen pruebas obtenidas a partir de estudios clínicos de que los cannabinoides también son eficaces en las nauseas y vómitos secundarios a radioterapia y los que se presentan en el postoperatorio. En la medicina tradicional los cannabinoides son muy populares y a menudo se han usado para las nauseas provocadas por otras enfermedades, como el SIDA, la hepatitis y las nauseas del embarazo.

nauseas y vomitos cannabis 2 medicinal

 


El THC es eficaz en una mujer que no era capaz de mantener el peso por vómitos contínuos

Los médicos de la Escuela de Medicina de Harvard de Boston presentaron un caso de una mujer de 58 años con antecedentes de náuseas, vómitos, dolor abdominal e incapacidad de mantener la ingesta oral después de múltiples cirugías abdominales. Después de ocho años de ensayos fallidos de medicamentos, modificaciones en la dieta y una colectomía parcial, comenzó un tratamiento con THC oral (cápsulas de dronabinol), lo que provocó la remisión casi completa de sus síntomas. Cuando este medicamento fue suspendido por su seguro de salud, fue incapaz de mantener la ingesta oral y, por tanto, fue ingresado en el hospital para reanimación con líquidos y reanudación del THC.

Los autores afirman: «El uso del dronabinol en este paciente con alteración grave de la motilidad intestinal le permitieron mantener su estado nutricional por vía oral, prescindiendo de la necesidad de alimentación enteral o parenteral. Por desgracia, no estaba cubierto por su compañía de seguros para esta indicación«. Llegan a esta conclusión: «El dronabinol tiene el potencial de mejorar la calidad de vida de los pacientes más allá de los que reciben quimioterapia o padecen SIDA«.

Fuente: The successful use of dronabinol for failure to thrive secondary to intestinal dysmotility

 

El THC es eficaz en el tratamiento de las náuseas y vómitos en el cáncer terminal

El THC puede ser muy eficaz en el tratamiento de las náuseas y vómitos en el cáncer en fase terminal que no responde a otros medicamentos, según un caso clínico presentado por investigadores de la Facultad de Medicina de Tampa de la Universidad de Florida del Sur, EE.UU. Las náuseas y los vómitos son los síntomas más comunes y a menudo altamente preocupante en el cáncer avanzado y sus cuidados paliativos. Hasta el 7% de los pacientes tienen síntomas refractarios.

El THC ha sido extensamente estudiado para las náuseas y los vómitos relacionados con la quimioterapia, pero sólo hay unos pocos informes de casos de su uso en las náuseas y los vómitos no relacionados con la quimioterapia. Los investigadores informaron de un paciente con cáncer de ovario en fase terminal con carcinomatosis peritoneal y náuseas y vómitos refractarios que respondió de forma extraordinaria al añadirle el dronabinol (THC).

Fuente: Dronabinol treatment of refractory nausea and vomiting related to peritoneal carcinomatosis.

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El extracto de cannabis es eficaz en la prevención de las náuseas y vómitos inducidos por la quimioterapia

Varias instituciones científicas españolas han participado en un pequeño estudio aleatorio, doble ciego, ensayo clínico controlado con placebo con un extracto de cannabis (Sativex) en el tratamiento de las náuseas y los vómitos causados por diferentes formas de quimioterapia. El Sativex contiene parecidas cantidades de THC (dronabinol) y CBD (cannabidiol). Los pacientes con náuseas a pesar de la profilaxis con tratamiento antiemético estándar fueron asignados al azar al grupo cannabis o al placebo durante 5 días posteriores a la quimioterapia, añadido al tratamiento estándar antiemético. El criterio de valoración para el análisis de eficacia preliminar fue la proporción de enfermos que presentaron respuesta completa o parcial.

Siete pacientes fueron asignados al azar al Sativex y nueve al placebo. Un paciente del grupo cannabis fue retirado del estudio debido a los efectos adversos. En el grupo que recibió cannabis una mayor proporción de enfermos experimentaron una respuesta completa durante el período de observación global (71’4 por ciento) en comparación con el grupo placebo (22’2 por ciento). La incidencia de efectos adversos fue mayor en el grupo Sativex (86 por ciento vs 67). No presentaron efectos secundarios graves. La dosis media diaria fue de 4’8 aerosoles en ambos grupos (que corresponde a 12 mg de THC para el grupo de cannabis). Los autores concluyen diciendo que el cannabis «añadido a la terapia antiemética estándar fue bien tolerado y proporciona una mejor protección» contra las náuseas y los vómitos tardíos.

Fuente: Preliminary efficacy and safety of an oromucosal standardized cannabis extract in chemotherapy-induced nausea and vomiting.

De acuerdo con pequeños estudios clínicos los cannabinoides, tanto por vía general como por vía tópica en pomada, disminuyen el prurito provocado por distintas causas, como por ejemplo el prurito severo que ocurre en las enfermedades hepáticas.

El prurito puede tener distintas causas, como la neurodermatitis, la diabetes, los parásitos (pulgas o ácaros), las alergias, las enfermedades del hígado o la leucemia. Puede producirse por alteraciones en la piel, como ocurre en la neurodermatitis, o por la alta concentración en la sangre de una sustancia que provoca prurito, como ocurre en determinadas enfermedades internas.

Una de estas sustancias es el ácido biliar, que normalmente pasa con la bilis al intestino donde activa la digestión, pero en algunas enfermedades hepáticas se acumula en la sangre. El prurito causado por enfermedades del hígado es de difícil tratamiento.

En el año 2002 se llevó a cabo un pequeño estudio en la Universidad de Florida para saber si el dronabinol (THC) era beneficioso para pruritos resistentes al tratamiento, causados por la llamada hepatopatía obstructiva (Neff, 2002). En este estudio participaron tres pacientes que habían sido sometidos ya con anterioridad a numerosos tratamientos: con medicamentos (rifampicina, fenobarbital, naltrexona, colestiramina, difenhidramina y doxepina), con tratamientos ultravioleta, con distintas lociones y plasmaféresis (una especie de hemodiálisis). Debido al prurito, su calidad de vida era pésima: falta de sueño, depresiones, incapacidad laboral, e incluso se plantearon la idea del suicidio. Empezaron tomando 5 mg de THC antes de dormir. Los tres constataron una reducción del prurito y una considerable mejoría del sueño. En dos de los pacientes desaparecieron las depresiones. En uno se presentaron trastornos de coordinación, así que se le redujo la dosis a 2,5 mg, suficiente para ser eficaz. Los efectos se mantuvieron en los tres enfermos, entre 4 y 6 horas.

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No existen hasta ahora estudios referentes a las otras formas de prurito, sino únicamente informes de pacientes o de sus médicos, como el caso presentado por el profesor Grinspoon, el de un hombre de 52 años que padecía una neurodermatitis aguda (Grinspoon, 1994). Con una automedicación de cannabis consiguió reducir considerablemente el prurito y la inflamación. Al interrumpir el tratamiento volvieron a aparecer con la misma intensidad de antes. Según otros informes recogidos por la Asociación Internacional por el Cannabis como Medicamento (IACM), los tratamientos con cannabis ofrecen buenos resultados con determinados casos de prurito, como el que aparece en el SIDA.

Como las causas del prurito intenso son diferentes unas de otras, puede que los productos derivados del cannabis sean ineficaces con otras formas de prurito.

Hay algunos informes anecdóticos acerca del beneficio terapéutico del cannabis en el síndrome de Tourette’s, en la distonía y la disquinesia tardía. El uso en el síndrome de Tourette’s está actualmente empezándose a investigar en estudios clínicos y mientras muchos pacientes sólo muestran una mínima mejoría, algunos consiguen una respuesta considerable o el control total de los síntomas. En algunas pacientes de esclerosis múltiple se ha observado beneficio en la reducción de la ataxia y los temblores tras la administración de THC. A pesar de haber casos anecdóticos publicados de mejoría en el parkinsonismo y en la enfermedad de Huntington, no se han podido objetivizar dichos datos. Sin embargo, los productos derivados del cannabis pueden ser útiles en la disquinesia inducida por el tratamiento con levodopa en la enfermedad de Parkinson sin que se produzca un empeoramiento de los síntomas principales.

En los últimos años se llevaron a cabo en la Facultad de Medicina de Hannover, y bajo la dirección de la Dra. Kirsten Müller-Vahl, diversos estudios sobre los efectos del dronabinol en el síndrome de Tourette. Algunos pacientes tratados afirmaron que los síntomas se habían reducido con el consumo de marihuana. Según una encuesta sistemática realizada entre 1994 y 1996 entre 47 pacientes, 13 de ellos (que consumían esta sustancia) notaron una mejoría en los síntomas (Müller-Vahl, 1998). Hay otros informes similares de casos aislados en revistas especializadas (Hemming, 1993; Sandyk, 1998).

El síndrome de Tourette es una compleja enfermedad neuropsiquiátrica que aparece normalmente en la infancia o en la adolescencia, y que se caracteriza por los llamados tics (contracciones repentinas de algunas zonas de la cara, del cuello y de los hombros). También se da el llamado “tic vocal”, que es un sonido involuntario o un insulto. Además puede haber trastornos en los actos, como son autoagresiones o hipersexualidad. A menudo se dan al mismo tiempo la hiperactividad, los trastornos de déficit de atención, las obsesiones y los actos obsesivos.

En un primer estudio de la Facultad de Medicina de Hannover se les administró a los pacientes entre 5 y 10 mg de THC en cápsulas (Müller-Vahl, 2002). Los tics y los síntomas de obsesión disminuyeron. Algunos pacientes afirmaron haber tenido efectos secundarios en algunos momentos, como dolor de cabeza, náuseas, mareos, ansiedad, hilaridad, temblores, sequedad de boca o sofocos. La dosis de cannabinol administrada no afectó mucho ni al ánimo, ni a la capacidad mental, ni a la capacidad de concentración.

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En un segundo estudio se investigaron los efectos y la tolerancia del dronabinol en 17 pacientes durante un periodo de seis semanas (Müller-Vahl, 2003). La dosis era de 2,5 mg diarios, o bien con el desayuno o bien con la cena; cada tres días se fue aumentando 2,5 mg, según la tolerancia, hasta llegar a un máximo de 10 mg. Como en el primer estudio, los síntomas disminuyeron considerablemente, y los efectos secundarios fueron mínimos -incluso con 10 mg-. Uno de los pacientes sufrió un ataque de pánico que le duró 24 horas y cuyos síntomas comenzaron a partir de los 5 mg.

Psicosis afectiva, depresiones endógenas, trastornos bipolares

Los trastornos afectivos, o psicosis afectivas, se incluyen, junto a la esquizofrenia, dentro del grupo de las psicosis. La psicosis es una enfermedad mental que altera gravemente la personalidad y la relación con la realidad. Va acompañada de alucinaciones, sensación de desasosiego y estados graves de ansiedad. A menudo, los afectados piensan que no padecen la enfermedad sino, más bien, que el trastorno es producido por causas externas.

Entre las psicosis afectivas figuran la depresión endógena y la psicosis maníaco-depresiva, también llamada trastorno bipolar.

La depresión endógena no tiene, al contrario que la depresión reactiva, ninguna causa aparente. Se provoca, por así decirlo, desde dentro, y afecta seriamente a los sentimientos, al pensamiento y a la conducta de la persona afectada. Los síntomas de la depresión son la apatía, las pocas ganas de vivir, la tristeza, los sentimientos de culpabilidad, la falta de concentración, la pérdida de apetito, el letargo y el cansancio crónico, o incluso el insomnio. Frecuentemente, a esto se le añaden molestias físicas, como dolores de cabeza o trastornos intestinales. Algunos pacientes me han asegurado que los productos derivados del cannabis les han ayudado con las depresiones endógenas. Sin embargo, es difícil valorar las ventajas en el caso de estas depresiones porque, hasta ahora, no se han llevado a cabo estudios al respecto.

Un buen número de afectados por los trastornos bipolares afirman haber tenido experiencias positivas. Las psicosis bipolares también reciben el nombre de psicosis maníaco-depresivas o depresiones maníacas. En este tipo de trastornos se alternan las fases de depresiones endógenas con las fases de psicosis maníaco-depresivas. La manía se caracteriza por la exaltación emocional, la hiperactividad, los pensamientos grandiosos, por un sentimiento de invencibilidad, por la falta de concentración y por la rapidez al pensar y al hablar. En una publicación científica del año 1998 se presentan informes sobre casos de pacientes que pudieron tratar su manía o su depresión -o ambas- con ayuda del cannabis (Grinspoon, 1998). Algunos emplearon cannabis además de litio (medicamento habitual en los casos de trastornos bipolares), pudiendo reducir la dosis de éste y los efectos secundarios que conlleva.

En California hay ciertos clubes en los que las autoridades californianas permiten la venta de cannabis (en contra de la voluntad del gobierno federal). Escribió un paciente a su doctor: “Me llamo Derek D. Dirijo la Asociación de Pacientes de la Costa Norte, aquí en California. He sido testigo, junto a un colega, del notable cambio experimentado por un paciente que sufría trastornos bipolares. Hace una semana, mi cliente de San Francisco pasó de un terrible estado de desorientación bipolar a otro de total claridad y coherencia tras dos inhalaciones de aceite puro de cannabis con una concentración de THC del 20%. Este cambio fue francamente maravilloso”.

Según algunos estudios, el consumo de cannabis empeora la evolución de la psicosis esquizofrénica, aunque muchos pacientes que padecen esta enfermedad afirmen que el cannabis tiene efectos positivos. A largo plazo, las recaídas se dan con mayor frecuencia. Así pues, no se deberían emplear los productos derivados del cannabis para esta enfermedad.

El CBD como antipsicótico

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 51 millones de personas en todo el mundo sufren trastorno bipolar y casi la misma cantidad padecen esquizofrenia. Los medicamentos antipsicóticos disponibles actualmente en el mercado para tratar este tipo de padecimientos pueden tener una serie de efectos secundarios graves, desde mareos y vómitos hasta depresión, insomnio o pensamientos suicidas.

Al tomar estos medicamentos antipsicóticos, el usuario debe tener en cuenta sus efectos secundarios adversos. En este sentido, hay personas que han comenzado a pensar en el cannabis medicinal como terapia alternativa para tratar sus padecimientos.

antipsicótico



 

El cannabis medicinal suele utilizarse para aliviar la ansiedad y la depresión, así como para ayudar a las personas a lidiar con los cambios de humor severos provocados por el trastorno bipolar. Sin embargo, varios estudios han demostrado que un aumento en el consumo de productos con alto contenido de THC y cannabis (especialmente a una edad más temprana) también puede aumentar el riesgo de que los individuos desarrollen una enfermedad psicótica como esquizofrenia, paranoia o trastorno bipolar. Esto se debe a la psicoactividad del THC. En este sentido, algunas investigaciones sugieren que esto solo es evidente en personas que están genéticamente predispuestas a estos trastornos.

Desde 1982 se han llevado a cabo investigaciones sobre los efectos antipsicóticos del cannabidiol, la otra molécula más importante en el cannabis. Se descubrió que el THC se une increíblemente bien con el receptor CB1 dentro del sistema endocannabinoide en nuestros cuerpos, mientras que el CBD no lo hace.

En resumen, el THC activa los receptores CB1 al imitar a la Anandamida y el CBD impide que el THC actúe de esta manera. Es decir, no se suprime el receptor CB1, simplemente regula el efecto del THC sobre él.  Los resultados de algunos de estos estudios indican claramente que el CBD se comporta en estudios preclínicos y clínicos como antipsicótico atípico, mejorando los síntomas psicóticos en dosis que no alteran la función motora.  REFERENCIAS

Zuardi, Antonio et alt. (2012). A Critical Review of the Antipsychotic Effects of Cannabidiol: 30 Years of a Translational Investigation. Current pharmaceutical design. 18. 5131-40. 10.2174/138161212802884681.

Schier, A., et alt. (2014). Antidepressant-Like and Anxiolytic-Like Effects of Cannabidiol: A Chemical Compound of Cannabis sativaCNS & Neurological Disorders – Drug Targets, 13(6), pp.953-960.

Rcpsych.ac.uk. (2017). Cannabis and mental health.

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Se ha observado una mejoría en el humor en la depresión reactiva en algunos estudios con THC y hay también recogido además casos de beneficio con cannabinoides en otros síntomas y enfermedades psíquicas, como trastornos del sueño, ansiedad, psicosis esquizofrénica y distimia. Según algunos casos clínicos el THC es eficaz en los trastornos compulsivos graves refractarios a tratamiento convencional. Los cannabinoides también pueden reducir los síntomas del trastorno de estrés postraumático. Distintos autores han expresado diferentes puntos de vista en cuanto a los síndromes psiquiátricos y el cannabis, mientras unos enfatizan el problema causado por el cannabis otros promueven sus posibilidades terapéuticas. Muy posiblemente los productos del cannabis pueden ser beneficiosos o peligrosos, dependiendo del caso particular.

Obsesiones y actos obsesivos

Los síntomas más desagradables y preocupantes de los comportamientos obsesivos compulsivos son las obsesiones ocultas, penetrantes y continuamente repetidas. Estas compulsiones, ritualizadas y continuamente repetidas, pueden provocar estrés y ocupar muchas horas del día. Las obsesiones pueden ser, por ejemplo, el miedo a contraer enfermedades contagiosas o el miedo ante otro tipo de amenazas, temas sexuales o morales, o la necesidad de ordenar las cosas de una forma determinada. Entre los actos obsesivos encontramos los rituales de higiene, el recuento de cosas, el control constante del estado de las cosas (como asegurarse de que una puerta esté cerrada), etc.

Hay informes de pacientes con estos trastornos a los que el consumo de cannabis les ha ayudado a prescindir de estos pensamientos y actos.

Espasticidad, esclerosis multiple, paraplejia

La parálisis espástica o espasticidad de tipo orgánica es una resistencia de los músculos a los movimientos pasivos. Puede estar originada por diversas patologías: problemas vasculares (infarto y hemorragia cerebral) daño físico (paraplejia por lesión medular), carencia de oxígeno en el parto (parálisis cerebral infantil) o por degeneración del sistema nervioso (esclerosis múltiple). El lugar de lesión puede estar en el cerebro (espasticidad cerebral), como es el caso del accidente cerebro-vascular o de la parálisis cerebral infantil, o en la médula espinal (espasticidad espinal), como es el caso de la paraplejia por lesión medular o la esclerosis múltiple.

La sintomatología está caracterizada, por un lado, por la debilidad muscular, la torpeza y los trastornos de la motricidad fina, y por otro lado, por un aumento del tono muscular, con características dolorosas, y con convulsiones espontáneas (espasmos).

La parálisis cerebral infantil se trata principalmente con fisioterapia. En el resto de los trastornos se emplean medicamentos para relajar los músculos, sobre todo benzodiacepinas, como tetrazepam y baclofeno. Estos medicamentos no siempre surten el efecto deseado en muchos pacientes, o tienen efectos secundarios adversos. La espasticidad cerebral no se puede tratar prácticamente con ninguno de los medicamentos existentes.

Un hombre con esclerosis múltiple relata: “Desde hace alrededor de 10 años padezco esclerosis múltiple, una enfermedad del sistema nervioso central, hasta hoy incurable, que cursa con espasmos musculares dolorosos. En un momento de desesperación me puse a fumar de nuevo en mi pipa y, mira por dónde, podía mantener otra vez la mano quieta y los dolorosos espasmos se aliviaron en gran medida. En el tiempo que siguió estuve controlando sistemáticamente si el cannabis influía en la enfermedad positiva o negativamente, y llegué a la conclusión de que el THC puede ser eficaz con la esclerosis múltiple”.

En una encuesta realizada en el año 1997 entre 112 enfermos británicos y estadounidenses con esclerosis múltiple, y que tomaban cannabis de forma ilegal para el tratamiento de su enfermedad, se observó una mejora en un buen número de síntomas, como, por ejemplo, la espasticidad, el temblor, los dolores, la percepción fallida y la ansiedad (Consroe, 1997). En el caso de muchos pacientes que padecen esclerosis múltiple y paraplejia por lesión medular, también se ve afectado el control de la vejiga y del recto, que no se puede tratar fácilmente con medicamentos e incomoda considerablemente a los afectados. En la encuesta llamó la atención que una gran parte de los pacientes apuntó que había notado una mejoría en la necesidad de orinar, en la retención de la orina y en la incontinencia fecal.

Dos estudios breves, presentados en octubre de 2001 en el Congreso de la Asociación Internacional por el Cannabis como Medicamento celebrado en Berlín, confirmaron este efecto positivo en la disfunción vesical. La Dra. Ulrike Hagenbach trató a 15 enfermos con paraplejia espástica por lesión muscular con THC en REHAB, un centro de rehabilitación de Basilea para paralíticos espinales y cerebrales (Hagenbach, 2001). En comparación con el placebo, se constató una mejoría de algunos parámetros de la actividad vesical, como es la capacidad máxima de llenado. Un estudio británico, llevado a cabo por el Dr. Ciaran Brandy y la profesora Clare Fowler en el Hospital Nacional de Neurología y Neurocirugía de Londres, incluyó enfermos con un estado avanzado de esclerosis múltiple y disfunción vesical a los que se les administró por vía sublingual un spray de cannabis (Brady, 2001). También en este estudio aumentó la capacidad máxima de la vejiga y disminuyó la frecuencia de su vaciado durante el día y la noche. La necesidad de orinar es un grave problema para los enfermos de esclerosis múltiple, debido al aumento del tono muscular vesical que presentan.

Parece ser que el sistema cannabinoide del cuerpo juega un papel importante en los trastornos espásticos. Científicos británicos han hecho un estudio con ratones a los que se les indujo artificialmente esclerosis múltiple, con sus consiguientes espasmos. En estos ratones, la concentración de endocannabinoides (cannabinoides propios del organismo) aumentó considerablemente (Baker, 2000). El cuerpo intentó contrarrestar los espasmos mediante un aumento de la producción y redistribución de los endocannabinoides. Los espasmos de los ratones se pudieron reducir administrándoles THC.

Según una encuesta de 1982 realizada en EEUU entre 43 personas que padecían lesiones de columna vertebral, 22 de ellas empleaban marihuana para combatir los calambres (Malec, 1982). La eficacia de los preparados de cannabis se ha divulgado entre los pacientes con espasticidad de causa orgánica. También en muchos centros de rehabilitación de pacientes con paraplejia por lesión medular de los países de habla alemana se fuma marihuana; a menudo con el consentimiento tácito de los médicos.

Existen algunos estudios con pequeños grupos y casos aislados que documentan la eficacia del THC en el caso de la espasticidad orgánica. Así, por ejemplo, ésta mejoró considerablemente en 7 de 9 pacientes con esclerosis múltiple que tomaban THC por vía oral a dosis de entre 5 y 10 mg (Pero, 1981). También se beneficiaron tres pacientes con espasticidad tónica, mientras que los que padecían enfermedades del cerebelo no notaron ninguna mejora (Pero, 1981). En otro estudio, el tratamiento con THC resultó eficaz en dos de ocho pacientes con esclerosis múltiple, advirtiéndose una notable mejoría en la coordinación muscular (Clifford, 1983). En un estudio realizado en Suiza con dos pacientes que sufrían espasticidad, uno por esclerosis múltiple y otro por paraplejia por lesión medular, se pudo observar una mejora de la espasticidad en los dos casos, y en uno de ellos, además una reducción de dolor (Brenneisen, 1996). Estos dos pacientes habían tomado respectivamente 10 y 15 mg de THC en cápsulas, y en otra ocasión se les administraron supositorios con una dosis de 2,5 y 5 mg de THC.

En REHAB (Basilea), se llevó a cabo un estudio abierto de seis semanas con 15 pacientes parapléjicos, a cada uno de los cuales se le administro una cantidad diferente de THC. Tras una fase de determinación de la dosificación, la media diaria fue de 30 mg, con la que se pudo reducir significativamente la espasticidad (Hagenbach, 2003). En una segunda etapa de otras seis semanas, se prescribió a siete pacientes supositorios de THC. También aquí hubo una clara reducción de la dosis. A esta etapa le siguió una tercera fase con placebo, en la que a 13 pacientes se les administró o bien placebo o bien THC, reduciendo este último considerablemente la espasticidad (Hagenbach 2003).

A menudo se puede constatar una mejora de la espasticidad y de la coordinación de movimientos con dosificaciones que se encuentran por debajo del nivel psicotrópico. En un estudio de un caso aislado llevado a cabo en Suiza en un espacio de tiempo que abarcó varios años, el jurista Rudi P. pudo beneficiarse de un preparado de THC administrado en dosis reducidas a lo largo de todo ese tiempo, y sin que se redujeran sus efectos (Maurer, 1990). El cannabis actúa además, al contrario que los otros medicamentos antiestáticos, también como inhibidor de la ataxia; es decir, puede mejorar los trastornos de la coordinación de movimientos. Así se pudo demostrar en un estudio con un enfermo de esclerosis múltiple, en cuyo caso el temblor de manos se redujo considerablemente (Meinck, 1989).

Pero hay que decir, sin embargo, que el cannabis no siempre es eficaz. En algunos casos puede incluso aumentar temporalmente la espasticidad. Y en algunos enfermos con esclerosis múltiple puede empeorar eventualmente el equilibrio (Greenberg 1994).

Así lo afirma un hombre de 51 años que padece esclerosis múltiple y que fuma o ingiere 0,1 g de cannabis de vez en cuando para combatir la espasticidad. En general se muestra satisfecho, pero nota una cierta debilidad. El cannabis le relaja durante cuatro horas; sin embargo, la espasticidad aumenta de forma pasajera a la mañana siguiente.

Un hombre de 59 años que sufre parálisis, dolores, calambres musculares, mareos y trastornos del movimiento y del equilibrio desde que fue operado en 1989 de un tumor benigno nos relata: “La marihuana me ayuda a aliviar los problemas que tengo con los músculos, a mitigar los dolores, me anima, me estimula, me abre el apetito, me ayuda a sentirme bien y a dormir mejor. Tomo galletas de marihuana hechas en casa atendiendo con especial cuidado a la dosificación (las dosis pequeñas me bastan para reaccionar de la forma antes descrita). Al principio aumentan algo los mareos y los trastornos de equilibrio, y los músculos se tensan, pero luego se me pasa”. En los últimos meses pudo reducir considerablemente la administración de un analgésico muy potente y suprimir del todo uno de los dos antidepresivos que tomaba: “Es formidable poder sustituir un producto químico por otro natural. El cannabis es para mí un medicamento sin efectos secundarios dañinos”.

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Lupus eritematoso

El lupus eritematoso sistémico es también una grave enfermedad del sistema inmunológico. Los complejos inmunitario que circulan en la sangre se depositan en las paredes de los vasos sanguíneos, lo que produce una inflamación de éstos, provocando distintos trastornos dependiendo de la localización de los mismos, por ejemplo, en la piel, en las articulaciones, en el riñón, etc. Los enfermos se ven afectados por la pérdida de apetito y de peso, y padecen debilidad, fiebre, depresiones, dolores, etc. Un paciente escribió lo siguiente: “Después de haber oído hablar mucho del cannabis, lo probé por primera vez hace tres años. Cuando lo fumo me desaparecen los dolores de las articulaciones, músculos y huesos. Bueno, no es que desaparezcan del todo, pero se pueden soportar. Tampoco tengo desde entonces diarreas ni ataques de pánico; me encuentro animado y puedo levantarme de la cama. Los dolores de estómago se mitigan y vuelvo a sentir hambre”. Otro enfermo de lupus eritematoso sistémico, que tenía que orinar frecuentemente durante la noche, apunta asimismo una larga lista de síntomas que combate con el cannabis, entre otros las molestias renales y de la vejiga. Ahora, con el cannabis, puede dormir tranquilamente.

Los trastornos neurológicos del movimiento se dividen en trastornos hiperquinéticos e hipoquinéticos. Los trastornos hiperquinéticos se caracterizan por un exceso de movimientos involuntarios como son:

  • Tics; como en el caso del síndrome de Tourette
  • Temblor (tremor)
  • Distonía
  • Disquinesia tardía
  • Mioclonia
  • Corea

Los trastornos hipoquinéticos se caracterizan por un defecto de los movimientos motores, como los que se dan en el Parkinson.

Tics

Los efectos de los derivados del cannabis ya se trataron en el capítulo referente al síndrome de Tourette.

Temblores

Algunos enfermos de esclerosis múltiple afirman que los temblores disminuyen. En un estudio realizado en 1983 se trató con THC (entre 5 y 15 mg) a enfermos que padecían esta enfermedad; dos de ocho pacientes notaron una clara mejoría en los temblores, mientras que el resto no percibió ningún cambio significativo (Clifford, 1983). En otro estudio reciente llevado a cabo en Gran Bretaña también con enfermos de esclerosis múltiple, y a los que se administró por vía oral un extracto de cannabis, no se produjo ninguna mejoría relevante en los temblores. Parece ser que sólo pocos pacientes con estos síntomas responden a estos tratamientos.

Hasta ahora no se ha realizado todavía ningún estudio con enfermos de temblor esencial que nos permita saber si los derivados del cannabis son eficaces con esta enfermedad. El temblor esencial lo padecen sobre todo las personas ancianas, y se trata de un movimiento oscilatorio involuntario y rítmico, como es, por ejemplo, el temblor continuado de una mano, de manera que resulta difícil incluso sujetar una taza. Una señora mayor, que tomaba dronabinol para la esclerosis múltiple, me contó hace algún tiempo que su hermana tomó también en una ocasión una cápsula de 2,5 mg de dronabinol y que el temblor de manos mejoró considerablemente. El efecto duró desde el mediodía hasta las últimas horas de la tarde.

Distonía

Con este nombre se designa un grupo de enfermedades que se caracterizan por contracciones musculares mantenidas. Se incluyen aquí los blefaroespasmos, el tortícolis espástico y el síndrome de Meige (una disponía facial). En algunos pacientes se da una contracción de los labios, en otros, movimientos de la lengua, y en algunos, los movimientos se extienden hasta los hombros. Los tratamientos conocidos son la inyección local de toxina botulínica, que produce una parálisis y, con ello, una laxitud de los músculos tratados, y los medicamentos del tipo benzodiacepina, pero estos tratamientos son generalmente bastante insatisfactorios.

En experimentos llevados a cabo con hámsters y ratas que padecían disponía se ha podido comprobar que los cannabinoides reducían los movimientos distónicos (Richter, 1994). Pero con las personas, sin embargo, se ha investigado poco. Dos científicos informaron sobre la reducción de los síntomas del síndrome de Meige en un paciente al que se le administraron 200 mg de cannabidiol (Zinder, 1984). Otro grupo de trabajo también experimentó en 1986 con cannabidiol: se administraron entre 100 y 600 mg al día, durante 6 semanas, a cinco pacientes que sufrían distintos tipos de disponía (Sandy, 1986). Los síntomas se pudieron reducir entre un 20% y un 50%. Sin embargo, en otro estudio realizado en el año 2002, no se pudo constatar ninguna mejora de las distintas disponías tratadas con nailon, un derivado sintético del THC (Fox, 2002). Pero también en el año 2002 apareció en una revista especializada el caso de una canadiense que padecía disponía y dolores talámicos desde hacía más de 10 años. Había probado en vano con opiáceos, analgésicos y con operaciones cerebrales. Sólo el cannabis pudo mitigarle completamente los dolores (Chatterjee, 2002).

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Disquinesia tardía

Aparece a menudo como efectos secundario de los neurolépticos, que se emplean en el tratamiento de la esquizofrenia; permanece aunque se dejen de tomar estos medicamentos, y la mayor parte de las veces incluso empeora. La disquinesia tardía clásica va acompañada de movimientos involuntarios de los maxilares (como las muecas o el masticar) y de la lengua. También puede afectar a la respiración. A menudo aparecen además movimientos rítmicos de las manos o del torso. Su tratamiento suele ser, la mayor parte de las veces, bastante insatisfactorio. Hasta ahora no se ha llevado a cabo ningún estudio con los productos derivados del cannabis, y en este caso sólo me puedo remitir a la experiencia positiva de un paciente. Pero en estos casos aislados n ose puede nunca decir si se trata de una excepción o si podrían beneficiarse más personas.

Mioclonia

La mioclonia es una contracción muscular brusca, breve e involuntaria. Puede aparecer como consecuencia de intoxicaciones, lesiones cerebrales en niños de corta edad o en el caso de la esclerosis múltiple. Algunos enfermos que padecen ésta última enfermedad afirman que los derivados del cannabis pueden ser eficaces con la mioclonia.

Corea

La más conocida es la corea de Huntington, también llamada “baile de San Vito”. Se caracteriza por contracciones musculares involuntarias, arrítmicas y rápidas en casi todas las zonas del cuerpo. A esto se le suman cambios psíquicos. En la Facultad de Medicina de Hannover se trató a una paciente con corea de Hungtinton con nailon (Müller-Vahl, 1999). Sus síntomas empeoraron durante algunas horas; de ahí que no sea aconsejable emplear los productos derivados del cannabis para este tipo de trastornos.