Patologías

Usos médicos con cannabis

En dosis pequeñas, el compuesto principal de la marihuana podría detener la progresión del Alzheimer

Concentraciones extremadamente bajas de THC (delta-9-tetrahidrocarbocannabinol), el principal constituyente psicoactivo en el cannabis, podrían detener o frenar la progresión de la enfermedad del Alzheimer, de acuerdo con un nuevo estudio publicado en Journal of Alzheimer’s Disease.

 

Utilizando un modelo celular del Alzheimer, neurocientíficos de la Universidad del Sur de Florida, en Estados Unidos, demostraron que dosis mínimas de THC reducen la producción de beta-amiloide, una proteína presente en forma soluble en la mayoría de los cerebros maduros y cuya acumulación se considera una de las características principales de este tipo de demencia.

Una disminución en los niveles de beta-amiloide significa una menor agregación, lo que podría proteger contra la progresión de la enfermedad del Alzheimer. Las bajas concentraciones de THC también mejoraron selectivamente la función mitocondrial, necesaria para mantener un cerebro sano.

“El THC es conocido por ser un antioxidante potente con propiedades neuroprotectoras, pero este es el primer indicio de que el compuesto afecta directamente la patología del Alzheimer al disminuir los niveles de beta-amiloide, inhibir su agregación y mejorar la función mitocondrial”, declaró el Dr. Chuanhai Cao, autor principal del estudio.

Puesto que el THC es un inhibidor de amiloide natural y relativamente seguro, en un futuro podría ser empleado en el desarrollo de un tratamiento eficaz contra el Alzheimer. En las bajas dosis estudiadas, los beneficios terapéuticos del THC parecen prevalecer sobre sus riesgos. Sin embargo, los investigadores señalan que aún se debe investigar más al respecto. Pronto comenzarán una prueba sobre ratones genéticamente modificados.

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LINALOOL: LA ‘LAVANDA DEL CANNABIS’ QUE AYUDA A FRENAR EL ALZHÉIMER

Actualmente no existe ninguna cura eficaz para hacer frente a esta terrible enfermedad degenerativa, que provoca una pérdida de memoria y de otras funciones cerebrales. Es por esto por lo que los investigadores tratan de hallar una fórmula que permita bloquear el avance de esta enfermedad o retrasar su llegada a medida que envejecemos.

Pues bien, un estudio publicado en 2016 demostró que el linalool puede ser un gran aliado para hacer frente al alzhéimer. El experimento realizado por distintos investigadores de la Universidad de Antioquia, en Medellín (Colombia), concluyó que este terpeno presente en el cannabis puede revertir algunas de las alteraciones conductuales y cognitivas que provoca esta enfermedad. Además, en los ratones en los que aplicó el tratamiento se comprobó que podía llegar a reducir el número de placas y marañas celulares que contribuyen a la degeneración cerebral.

No obstante, este no es el primer beneficio del linalool que se ha detectado para el cerebro. Antes se había comprobado que, gracias a su efecto ansiolítico, evitaba la liberación de neurotransmisores de las neuronas estimuladas por el glutamato, de tal forma que permitía en algunos casos reducir la ansiedad y, en otros, acabar con las convulsiones provocadas por los ataques de epilepsia. A esto se suma que, como buen analgésico, permitía relajar los músculos, reduciendo la excitabilidad de las células de la médula espinal que transmiten las señales de dolor que llegan al cerebro.

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ALZHEIMER EN LOS PROXIMOS 20 AÑOS: DE 27 MILLONES A 60 MILLONES DE ENFERMOS

Existe un cúmulo creciente de datos científicos sobre la prevalencia e incidencia de la demencia así como sobre la mortalidad y los costos económicos mundiales asociados a ella. La mayor parte de la información llega de los países de ingresos altos, aunque la proveniente de países de ingresos bajos y medianos (PIBM) está aumentando cada vez más.

Las proyecciones de prevalencia e incidencia indican que el número de personas con demencia continuará creciendo particularmente entre los mayores más mayores, y que los países en proceso de transición demográfica son los que experimentarán el mayor crecimiento.

A nivel mundial, 35,6 millones de personas vivían con demencia en el año 2010.

Se prevé que esta cifra se duplique cada 20 años: 65,7 millones en 2030 y 115,4 millones en 2050. La mayor parte del aumento ocurrirá en países de ingresos medios en rápido desarrollo.

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Usando THC contra el Alzheimer

El uso de Tetrahidrocannabinol o THC para frenar a las proteínas beta amiloides no es algo nuevo. Ya en 2006 un estudio publicado en Molecular Pharmaceutics sugirió su uso contra el Alzheimer. Por otro lado, otro experimento preclínico llevado a cabo por la Universidad del Sur de Florida en 2014 demostró que el THC en bajas dosis era capaz de inhibir la producción de esta proteína.

Aún así, cabe destacar que la investigación de Salk no solo ayuda a reafirmar que el uso de la marihuana, y concretamente del THC, podría ayudar contra la enfermedad de Alzheimer. Esta investigación también nos vuelve a confirmar algo más: La enfermedad de Alzheimer, en gran parte, se produce por un exceso de inflamación de las células nerviosas como respuesta al exceso de proteína beta amiloide. A pesar de ser una respuesta, puede empeorar mucho la enfermedad, por lo que parar esta inflamación es importante para el tratamiento.

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Cómo la marihuana podría curar el Alzheimer

Según este reciente estudio, publicado en Aging and Mechanims of Disease, ciertos compuestos de la marihuana podrían limpiar las células cerebrales afectadas por proteína beta amiloide, algo que podría detener la enfermedad en sus primeras etapas.

De momento, sabemos que tanto la proteína beta amiloide como la proteína tau podrían causar la enfermedad de Alzheimer. Siempre hemos creído que solo era la primera, pero la proteína tau está cobrando protagonismo en las últimas investigaciones. De todas formas, seguimos sin saber cómo causan estos estragos a nivel cerebral, pero parece que sí sabemos como pararlo (en parte).

Al menos, eso sugieren los investigadores del Instituto Salk, los cuales afirman que tienen pruebas de que el THC o tetrahidrocannabinol, el ingrediente psicoactivo de la marihuana, podría frenar la progresión del Alzheimer en sus etapas iniciales. Al menos, así ha sido en células nerviosas modificadas genéticamente para producir proteína beta amiloide en laboratorio.

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Se ha observado una estimulación del apetito como efecto del THC cuando se ha administrado en forma fraccionada una dosis total de 5 mg. al día. Cuando es necesario, la dosis diaria se puede incrementar hasta 20 mg. En un estudio a largo plazo con 94 pacientes de SIDA el efecto estimulante del apetito del THC continuó durante varios meses, confirmándose los beneficios obtenidos en un estudio corto de 6 semanas de duración. El THC aumentó el apetito al doble en una escala analógica visual en comparación con el placebo y los pacientes tendían a mantener el peso corporal a partir de los siete meses. También se han obtenidos datos satisfactorios en cuanto a ganancia de peso en un estudio con 15 pacientes de Alzheimer’s que se habían negado a comer. Además, los derivados del cannabis pueden mejorar el apetito de los enfermos con cáncer y con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

El THC puede tratar con seguridad y eficacia los síntomas de la anorexia nerviosa

Según un nuevo estudio publicado por The Israeli Journal of Psychiatry and Related Sciences, el THC puede ser un tratamiento seguro y efectivo para los síntomas psicológicos de la anorexia nerviosa.

Para el estudio, los investigadores de la Universidad Hebrea y la Institución de Trastornos Alimentarios de la Universidad de Haifa “evaluaron el efecto de bajas dosis de Δ9-THC oral sobre los síntomas autoinformados de pacientes que sufren de anorexia nerviosa (AN) crónica”.

Nueve mujeres de más de 18 años participaron en el estudio. “Seis fueron diagnosticados según los criterios del DSM-IV con tipo restrictivo AN y tres con un tipo activo de purga compulsiva AN”. Su edad media fue de 45.0 ± 3.2 años y su IMC fue de 16.1 ± 1.6 kg / M2. Completaron anteriormente los cuestionarios y después del tratamiento con Δ9-THC (1 mg / día durante una semana y 2 mg / día durante tres semanas). “El resultado primario fue la mejora en la forma en que los pacientes perciben su comportamiento alimentario”.

Según los investigadores, “se encontraron mejoras significativas en el autocuidado del cuerpo, el sentido de ineficacia, el ascetismo y la depresión”. No hubo cambios significativos en el IMC “.

“El presente estudio es el primero en mostrar una mejoría en los síntomas psicológicos del paciente con AN (anorexia nerviosa) cuando se trata con delta-9-THC, sin efectos secundarios”, concluye el estudio. “Estos resultados alentadores en un grupo de pacientes con AN crónica sugieren que las dosis bajas de delta-9-THC deberían estudiarse más como un complemento al tratamiento de pacientes con AN”.

El resumen del estudio concluye afirmando que el “Δ9-THC puede ser un componente eficaz en el tratamiento de los síntomas psicológicos de AN”.

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Los cannabinoides atenuan la hiperactividad y pérdida de peso en la anorexia

Un nuevo estudio dice que los cannabinoides pueden atenuar (reducir los efectos de) la hiperactividad y la pérdida de peso corporal en la anorexia basado en la actividad. El estudio, publicado por el British Journal of Pharmacology, y publicado online antes de su impresión por Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos.

“Actualmente no existe una terapia eficaz relacionada con los fármacos para esta enfermedad y esto conduce a una alta tasa de recaídas. Los datos clínicos sugieren que una terapia prometedora para tratar y reducir la recurrencia de AN puede estar basada en el uso de fármacos que se dirigen al sistema endocannabinoide (CE) [como los cannabinoides], que parece desregularla en pacientes con AN “.

Con esto en mente, el estudio “investigó si los antagonistas de los  cannabinoides pueden modificar eficazmente los comportamientos anoréxicos y los cambios neuroendocrinos en ratas sometidas a un régimen repetido de ABA con el fin de imitar la condición humana en la que los pacientes experimentan repetidamente enfermedad y recuperación del ciclo.”

Según los investigadores; “Nuestros datos muestran que el tratamiento subcrónico tanto con el receptor CB1 / CB2 agonista natural de Δ9-tetrahidrocannabinol y el sintético agonista de receptor CB1 / CB2 CP-55940 redujo significativamente el peso corporal y la actividad corriente de la rueda en ratas ABA. Estos efectos de comportamiento fueron acompañados por un aumento en la señalización de la leptina y una disminución en los niveles plasmáticos de corticosterona “.

El estudio concluye diciendo que; “En conjunto, nuestros resultados demuestran además que la participación del sistema cannabinoide en una fisiopatología y que las estrategias que modulan la señalización del sistema son útiles para el tratamiento de este trastorno, específicamente en pacientes en los que la hiperactividad física juega un papel central en su progresión y mantenimiento”.

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La marihuana como tratamiento de la anorexia

Un estudio realizado en Bélgica encontró que las personas con trastornos de la alimentación tienen probabilidades de tener un sistema endocannabinoide desequilibrado o disfuncional. Esto significa que los cannabinoides en la marihuana podrían ayudar a equilibrar y corregir los problemas de endocannabinoides encontrados en personas con trastornos de la alimentación. Por supuesto, se necesita más investigación para apoyar estos hallazgos.

Este estudio se realizó en 2011 y estudió a 14 pacientes con anorexia femenina y 16 pacientes con bulimia femenina, por lo que es necesario realizar estudios futuros que involucren a más pacientes y a ambos sexos para comprender realmente los acontecimientos detrás del sistema endocannabinoide y la anorexia.

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El cannabis como estimulante del apetito

Aunque hay pocos estudios disponibles que investiguen, específicamente, el efecto del cannabis en el apetito de los enfermos de anorexia nerviosa, existen múltiples estudios sobre el efecto del cannabis y los cannabinoides en la forma de anorexia que puede afectar a las personas que sufren de ciertas enfermedades debilitantes, como cáncer, SIDA o hepatitis.

En un estudio de fase II sobre el efecto del THC en el apetito de pacientes con cáncer de 1994, se reveló que, de dieciocho sujetos, trece comunicaron una mejoría en el apetito tras el uso de THC, y sin sufrir efectos negativos importantes. Sobre esa base, se consideró que el cannabis era un estimulante del apetito, eficaz y seguro, para pacientes con cáncer. Sin embargo, un estudio más reciente, doble ciego controlado con placebo y realizado en 2006, no se detectaron diferencias significativas en la calidad de vida, tanto en lo que respecta al extracto de cannabis como al THC, en comparación con el placebo.

Mientras que los resultados de los diferentes estudios existentes pueden variar mucho, resulta evidente que el sistema endocannabinoide desempeña un papel importante en el control del apetito y de la alimentación. Estos estudios, realizados en el pasado, han permitido a los científicos comprender, de una manera mucho más profunda, los mecanismos subyacentes del sistema endocannabinoide y el amplio papel que desempeña en la regulación de procesos biológicos esenciales, como el apetito, la ingestión de alimentos y la saciedad.

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El sistema EC y la regulación de la ingestión de alimentos

A medida que nuestra comprensión del sistema endocannabinoide avanza, empieza a tomar forma el papel que juega en el desarrollo y control de enfermedades como la anorexia.

Un estudio, publicado en 2005, descubrió que los niveles sanguíneos del cannabinoide endógeno anandamida aumentaban significativamente en los enfermos de anorexia nerviosa y trastorno por atracones, mientras que se mantenían normales en los pacientes con bulimia nerviosa. Los investigadores también averiguaron que los niveles de anandamida estaban relacionados, inversamente, con los niveles de grelina, otra molécula que participa activamente en la regulación del apetito y la ingesta de alimentos.

La relación entre la señalización de la grelina y el sistema endocannabinoide se ha estudiado ampliamente, y se ha observado que el THC puede actuar, con eficacia, como sustituto de la grelina en los pacientes con cáncer que reciben quimioterapia. El papel de la grelina consiste en estimular el sistema nervioso periférico y finalmente el cerebro, con el fin de producir sensaciones de hambre cuando el estómago está vacío. Si se produce una ausencia de grelina por alguna razón (en pacientes que reciben quimioterapia, ciertos medicamentos inhiben la liberación de grelina), no se manifiesta la sensación de hambre, ni siquiera cuando el estómago está vacío, y el paciente puede convertirse en anoréxico.

Teniendo en cuenta que la anandamida cumple muchas de las mismas funciones biológicas que el THC, es comprensible que en los pacientes con trastorno por atracones, una gran cantidad de anandamida favorezca una ingesta excesiva de alimentos. No está claro por qué los pacientes con anorexia nerviosa no experimentan (o pueden resistir) el deseo de comer con una cantidad parecida de anandamida.

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El efecto broncodilatador del cannabis

Existe evidencia sobre el uso de cannabis como tratamiento para el asma desde la década del 70 [1,2]. En cuanto a datos de estudios preclínicos, hay evidencia que sugiere un papel del sistema endocannabinoide en la regulación del tono del músculo liso bronquial [3]. Mientras que estudios en animales con cannabinoides clásicos y sintéticos sugieren un posible rol de estos compuestos en el tratamiento del asma [4-6].

En la década de 1970, los primeros estudios clínicos demostraron una disminución significativa de la resistencia de las vías aéreas y un incremento en la conductancia de vías respiratorias en específico (en hombres sanos  fumadores habituales de cannabis), poco después de fumar cannabis [1,7]. Este efecto se ha atribuido en gran medida a las propiedades broncodilatadores del THC [8].

Sin embargo, para los asmáticos, los beneficios de fumar cannabis es probable que sean mínimos. Si bien fumar cannabis parece disminuir los broncoespasmos, aumentar la broncodilatación y mejorar modestamente la función respiratoria en algunos asmáticos[9-11], el humo del cannabis contiene gases nocivos y partículas que irritan y dañan el sistema respiratorio [8]; Por lo que fumar no es una terapia viable para el asma. Sin embargo, se han estudiado métodos de administración  de THC alternativos, por aerosol o administración oral. Dosis de 100 y 200 mg de Δ9-THC en aerosol mejoró significativamente la función ventilatoria en los asmáticos y fueron generalmente bien toleradas [12,13]. En otro estudio, dosis de 5-20 mg de  Δ9-THC en aerosol aumentó rápida y eficazmente la conductancia de las vías respiratorias en sujetos sanos, pero, produjo broncodilatación o broncoconstricción en asmáticos [14].

Por otra parte la administración oral de 10 mg Δ9-THC o 2 mg nabilona (cannabinoide sintético) no produjo broncodilatación clínicamente significativa en pacientes con obstrucción de las vías respiratorias reversible [2,15,16].

En un  estudio reciente publicado en 2014, investigadores hallaron que que el THC y otros cannabinoides sintéticos bloquean las contracciones musculares en tejidos aislados de bronqueos humanos, causadas ​​por una molécula de señalización llamada acetilcolina mediante la activación de los receptores CB1, lo que podría explicar el efecto broncodilatador producido por fumar marihuana [17].

Si bien, la marihuana fumada, puede no ser útil para el tratamiento periódico del asma, debido al efecto irritante del humo y los posibles efectos psicoactivos. La administración oral, o por medio de vaporizadores serían las alternativas para su uso terapéutico. También, los cannabinoides pueden ser de utilidad por su acción inmunomoduladora, interviniendo la naturaleza inflamatoria de la enfermedad. Lo que representa una nueva y prometedora vía de tratamiento.

Actualmente se están desarrollando derivados sintéticos hidrosolubles de cannabinoides (ya que los fitocannabinoides son liposolubes) para favorecer su administración en forma de aerosol. No obstante, aún no se evalúa su eficacia clínica.

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Opta por vaporizar

El cannabis tiene el potencial de aliviar los síntomas experimentados por los pacientes de asma, independientemente del método de consumo. Sin embargo, esto no significa que todos estos métodos sean igual de eficaces. Tampoco significa que usar cualquiera de los menos aptos para el asma sea completamente inofensivo.

Fumar cannabis sigue siendo una opción, pero dependiendo de la gravedad de la enfermedad, puede empeorar una crisis relacionada con el asma ya existente, o incluso provocar una. Por otra parte, los productos comestibles, debido a ciertas variables como el tiempo, tardan más en liberar sus efectos y se pueden utilizar como tratamiento a largo plazo, pero no serían lo bastante fiables en caso de un ataque. Esta es la razón por la que cuando se trata de un tratamiento de emergencia, vaporizar es sin duda la mejor opción para el cannabis y el asma. No sólo la liberación de los cannabinoides en el cuerpo es casi perfecta, sino que los riesgos para los pulmones se reducen completamente al mínimo.

Por supuesto, fumar cannabis no es perjudicial para el cuerpo humano normal sano. Sin embargo, si eres asmático, tienes que estar atento a todo lo que pueda deteriorar la calidad de los elementos químicos que entren en tu sistema respiratorio.

No hace falta decir que la calidad del vaporizador es muy importante, incluso si se utiliza únicamente con fines recreativos. En pocas palabras, un vaporizador mal fabricado, o no adaptado, no vaporiza correctamente, por ejemplo, combustionando la sustancia utilizada en lugar de vaporizarla, lo que hace que toda la experiencia resulte bastante inútil.

Y, por supuesto, si usas un vaporizador de este tipo en el contexto de una enfermedad respiratoria, podría llegar a ser un obstáculo más que una fuente de alivio.

Comprar artículos en forma de bolígrafo puede resultar tentador por razones de portabilidad. Sin embargo, cuanto más pequeño sea el vaporizador, más posibilidades hay de que los elementos básicos rindan poco o simplemente estén ausentes.

En base a esta afirmación, los vaporizadores de mesa suelen proporcionar un rendimiento satisfactorio. Sin embargo, hay vaporizadores portátiles que también pueden resultar de gran utilidad.

No utilices “dabs” de cannabis (para medicarte)

Los dabs son cada vez más populares. Los dabs de cannabis medicinal también van en aumento, pero en el contexto del asma, simplemente no cumplen los requisitos. El dabbing no equivale a la vaporización, ya que potencialmente puede exponer a tus pulmones a una experiencia abrumadora. Además, la potencia de la mayoría de los dabs puede ser un peligro, sobre todo si estás ya en un estado de gran estrés y/o ansiedad.

No fumes tabaco

Fumar tabaco puede resultar extremadamente perjudicial para los pulmones, sobre todo a largo plazo. En el caso de los asmáticos, sus efectos negativos pueden tener un impacto bastante inmediato.

Dependiendo de la gravedad de tu asma, fumar cannabis también puede ser perjudicial. Vaporizar puede proporcionar algo así como una experiencia parecida, sin casi ningún riesgo.

No dejes tu tratamiento farmacológico

Puede ser tentador dejar de tomar los fármacos por completo, especialmente cuando los resultados inducidos por el cannabis superan las expectativas. Sin embargo, la evidencia anecdótica existente, incluido este artículo, no es suficiente para garantizar la seguridad en todas las situaciones posibles relacionadas con el asma.
El asma tiene una naturaleza impredecible, ya que depende literalmente de cientos de factores que van desde los medioambientales a los hábitos alimenticios, o al estado psicológico. Irónicamente, incluso podrías sufrir un pequeño ataque de pánico después de darte cuenta de que tu inhalador no está en el bolsillo, lo que podría a su vez desencadenar un problema relacionado con el asma. No hay que subestimar los múltiples efectos que los medicamentos que te han recetado pueden tener sobre ti, incluido el efecto placebo.

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Los experimentos sobre los efectos anti-asmáticos del THC o del cannabis datan principalmente de los setenta y son todos estudios rigurosos. Los efectos de un cigarro de cannabis (2% de THC) o de THC oral (15 mg) respectivamente, corresponden aproximadamente con el beneficio que se obtiene con la dosis terapéutica de un broncodilatador habitual (salbutamol, isoprenalina). Dado que la inhalación de los productos del cannabis pueden irritar la superficie de las mucosas, deberían desarrollarse otras alternativas de administración sistémica junto a la vía oral. Algunos pacientes experimentaron broncoconstricción tras la inhalación de THC.

Antiinflamatorio

Los cannabinoides son muy conocidos por sus efectos antiinflamatorios, y aunque hasta el momento, la mayoría de los estudios sobre el cannabis y el asma se han centrado principalmente en el efecto broncodilatador, algunos también han observado una reducción en la inflamación bronquial. Por otra parte, actualmente se investiga el cannabis por su capacidad para producir terapias específicas para las enfermedades inflamatorias inmunes moduladas.

Se han descubierto receptores cannabinoides en el tejido pulmonar humano, aunque en concentraciones relativamente bajas, y se cree que desempeñan un papel fundamental en la regulación de la inflamación, las contracciones y las dilataciones musculares, y en diversos procesos metabólicos. Sin embargo, la investigación sobre la respuesta inflamatoria inmune modulada (y cómo el cannabis puede ayudar) está dando sus primeros pasos.

Broncodilatador

La capacidad del cannabis para actuar como broncodilatador es quizás su propiedad más importante en lo que se refiere al tratamiento del asma. Durante un ataque de asma, los bronquios (la red de ramificación de tubos que transportan el oxígeno a los alvéolos) se contraen, haciendo que el nivel de flujo de oxígeno se reduzca drásticamente.

Generalmente, el grado de broncoconstricción durante un ataque se determina mediante las mediciones de flujo espiratorio máximo, que se toman a los pacientes y se comparan con lecturas tomadas en circunstancias normales. Por lo tanto, se puede determinar la diferencia entre el tipo normal de flujo de aire y el flujo de aire limitado durante un ataque.

En varios estudios, se ha demostrado que la administración de cannabis en diferentes formas puede mejorar, considerablemente, la broncoconstricción tanto durante un ataque de asma como en circunstancias normales (los enfermos de asma grave suelen presentar un flujo de aire inferior a la media en comparación con los no asmáticos, incluso cuando no se está produciendo un ataque).

A principios de la década de 1970, se publicó una serie de estudios que investigaron los efectos broncodilatadores del cannabis para los asmáticos. En un estudio realizado en 1973, se observó que el humo del cannabis, a diferencia del humo del tabaco, causaba un efecto broncodilatador. En un estudio de 1974, se demostró que aunque el efecto broncodilatador del cannabis era más débil que el del isoproterenol, duraba más tiempo. En otro estudio realizado en 1976, se descubrió que el cannabis era tan eficaz como el salbutamol, aunque con este último se alcanzaba una broncodilatación máxima algo más rápidamente.

Como ocurre con la mayor parte de la ciencia de los cannabinoides, hay factores que complican la situación. Por ejemplo, en un estudio reciente se descubrió que el cannabinoide endógeno anandamida, de hecho, podía ejercer un efecto bifásico (en dos etapas) en el tejido pulmonar: inhibe fuertemente la constricción bronquial en presencia de un alérgeno o irritante (en este caso, la capsaicina) pero causa constricción bronquial en circunstancias normales, es decir, cuando no se encuentra presente ningún irritante. De hecho, algunos pacientes a los que se administró THC han informado que experimentaban constricción bronquial. Por lo tanto, es necesario seguir investigando para determinar exactamente cómo se deben utilizar los tratamientos de cannabinoides a todos los niveles.

Antiespasmódico

Se cree que el cannabis puede ejercer un efecto broncodilatador principalmente a través de su capacidad para reducir la inflamación. Sin embargo, también se cree que la capacidad del cannabis para reducir los espasmos musculares (contracciones involuntarias) juega un papel importante en el control de la broncoconstricción durante un ataque de asma. Los bronquios y los bronquiolos se componen de músculos lisos, y durante un ataque, se contraen y se estrechan, además de inflamarse.

En un estudio publicado en 2014, los investigadores tomaron muestras de tejido pulmonar bronquial a 88 pacientes humanos y lo sometieron a estimulación de campo eléctrico para hacer que el tejido muscular se contrajese. Luego se administró THC, el cannabinoide endógeno 2-AG, y varios agonistas sintéticos de los receptores CB-I y II. Descubrieron que determinados agonistas del receptor de CB1, incluyendo el THC, reducían las contracciones musculares dependiendo de la dosis. Además, se observó que el cannabinoide endógeno 2-AG no tenía ningún efecto.

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Según casos registrados a lo largo de la historia y en documentos recientes, el cannabis es un buen remedio para combatir el síndrome de abstinencia causado por la dependencia a benzodiacepinas, opiáceos y alcohol. Por esta razón, algunos han hecho referencia a ella como la puerta de salida de las drogas. En este sentido y según los beneficios observados, pueden ser útiles tanto en la reducción de los síntomas físicos como del estrés que ocurre tras abandonar la droga de abuso.

UNA DE LAS DROGAS MÁS SEGURAS

La verdad es que el cannabis es una droga sumamente segura, y ha demostrado serlo mucho más que la cocaína, las anfetaminas e incluso el alcohol. Sin embargo, sigue siendo una sustancia psicoactiva y causa síntomas de abstinencia en algunos casos.

La imagen estereotipada de la abstinencia de drogas es la de un adicto a la heroína sudando y temblando en un rincón de una clínica de rehabilitación. Solo porque el cannabis pueda provocar síntomas de abstinencia no significa que sean igual de extremos que los que se experimentan cuando se dejan las drogas duras.

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Estudios etnográficos y observacionales

Existen dos estudios en los que se ha hecho un seguimiento a adictos a crack que decidieron deshabituarse consumiendo marihuana. El primero de estos estudios se realizó en la ciudad de Sao Paulo, Brasil, desde un servicio ambulatorio de salud para adictos que querían dejar de consumir. De aquellos que pidieron ayuda para dejar el crack, se seleccionó a una submuestra de 25 sujetos que manifestaron estar consumiendo marihuana como automedicación para combatir los efectos del craving y a los que no se les facilitó otro tipo de tratamiento farmacológico. Se hicieron entrevistas semanales durante nueve meses para evaluar el curso de la deshabituación. Cuatro (16%) sujetos abandonaron el programa durante los tres primeros meses y otros 4 fueron incapaces de dejar el crack y, a pesar de consumir cannabis, mantuvieron su consumo de crack estable durante los nueve meses de seguimiento. Sin embargo, 17 de los 25 sujetos (68%) abandonaron el consumo de crack y refirieron que la utilización de cannabis reducía el craving y les producía efectos positivos subjetivos y cambios concretos en su conducta que les ayudó a superar la adicción. La media de tiempo que tardaron los sujetos en dejar el consumo de crack fue de 5,2 semanas.

El otro estudio de este tipo se realizó en Jamaica con mujeres de clase trabajadora, muchas de ellas prostitutas, adictas al crack. Se trató de un estudio de tipo etnográfico en el que durante nueve meses se hizo un seguimiento a 33 mujeres (la mitad de ellas adictas al crack y la otra mitad ex-adictas) registrando sus consumos de drogas, sus estilos de vida y sus relaciones personales y sociales. Las usuarias de crack están especialmente estigmatizadas en Jamaica por parte de la cultura rastafari, estigma que se incrementa si además son prostitutas, a pesar de que la mayoría de estas mujeres hayan sido iniciadas en el crack por hombres. Un riesgo especialmente alto lo corren las mujeres que trabajan en el sector turístico, pues se sirven de ellas los traficantes para que sean las que provean de crack a los turistas. Lo que encontró este estudio es que cuando aquellas mujeres adictas al crack que se decidieron a utilizar marihuana (‘ganja’) empezaron a tener una mejor calidad de vida: dormían y se alimentaban mejor, se ocupaban más de su apariencia física (algo muy importante en la cultura rastafari), dedicaban más tiempo a sus hijos e incluso, de las 14 mujeres que dejaron completamente de utilizar crack en ese período de 9 meses, 13 lo atribuyeron al consumo de ganja. La marihuana, para estas mujeres, les permitió tener una mejor calidad de vida y ser capaces poco a poco de dejar el crack y de reincorporarse a la cultura rastafari gracias a su consumo de marihuana. De acuerdo con la autora de este informe, la marihuana, en vez de haber sido una puerta de entrada hacia drogas más duras, había sido una puerta de salida.

Estas primeras experiencias anecdóticas acerca del potencial uso del cannabis como sustancia sustitutiva de drogas más peligrosas, tanto legales como ilegales, se están encontrando también cada vez más frecuentemente en lugares donde el cannabis medicinal está legalizado, como es en el caso de estudios realizados en pacientes que acuden a dispensarios de los Estados Unidos y de Canadá. Dentro de este tipo de estudios, quizás los más interesantes son aquellos que han encontrado que el cannabis puede reducir el consumo de opiáceos en pacientes con dolor crónico. Debido a que los opiáceos inducen tolerancia, los pacientes necesitan subir con el tiempo sus dosis de opiáceos, lo cual aumenta el riesgo de sufrir sobredosis. Por otra parte, el consumo de opiáceos de farmacia se está convirtiendo en epidémico en los Estados Unidos, tanto entre pacientes con dolor crónico como en personas que lo toman sin prescripción médica, hasta tal punto que se ha convertido en la primera causa de muerte accidental en aquel país. El cannabis se ha demostrado que opera sinérgicamente con los opiáceos, de tal forma que su combinación permite reducir las dosis de opiáceos de cara a conseguir un efecto analgésico óptimo. Las posibilidades de que el cannabis permita reducir la dosis de opiáceos no solo es interesante de cara a los enfermos con dolor crónico, sino también para reducir la mortalidad por sobredosis. Un estudio epidemiológico publicado reciente ha encontrado que las muertes por sobredosis han disminuido desde 1999 en aquellos estados norteamericanos en los que se ha legalizado el cannabis medicinal. En este sentido, otro estudio reciente ha encontrado una relación estadísticamente significativa entre el consumo reciente de cannabis y una menor frecuencia de uso no médico de opiáceos entre usuarios de opiáceos por vía intravenosa.

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¿Por qué el cannabis puede ser un potencial tratamiento para las drogodependencias?

Partiendo de las evidencias en investigación animal que muestran que el CBD reduce el craving a diferentes sustancias, primero diseñaron un estudio controlado en el que co-administraron en el laboratorio a voluntarios sanos CBD y fentanilo (un potente opiáceo sintético) para evaluar la seguridad de su co-administración antes de administrar CBD a pacientes dependientes. Una vez confirmada la seguridad del tratamiento, seleccionaron a un grupo de dependientes a opiáceos que llevaban 7 días abstinentes. A la mitad les administraron CBD (10-15 mg/kg) durante tres días consecutivos y a la otra mitad placebo. Siete días después del inicio del tratamiento se les sometió a una serie de pruebas en el laboratorio en las cuales se les presentaban imágenes relacionadas con el consumo de heroína, es decir, crearon en el laboratorio claves contextuales de inducción al consumo. Hubo una reducción dramática y estadísticamente significativa en las medidas de craving y de ansiedad tras la presentación de los estímulos en aquellos sujetos que recibieron CBD. También, a los siete días, las puntuaciones generales de craving eran significativamente menores en aquellos sujetos tratados con CBD.

Lo que tienen de interesante estos resultados es que se ha encontrado eficacia en la reducción del craving en un fármaco que no actúa contrarrestando los efectos farmacológicos de la sustancia de la que los pacientes son dependientes, sino precisamente sobre lo que se viene defendiendo en este texto (y que es de aceptación generalizada hoy día por la comunidad científica): que el problema de las adicciones tiene que ver con la anticipación de la recompensa más que con el disfrute de la recompensa en sí. El CBD se ha mostrado eficaz en este estudio piloto, así como en investigación preclínica, para romper el juego de contingencias entre aparición de estímulos contextuales que incitan al organismo a perseguir una recompensa y la búsqueda de la recompensa en sí. Pareciera como si el CBD atenuara el efecto de las claves contextuales reduciendo su saliencia atencional, o en términos legos: reduciendo su atraer la atención del individuo, desplazando su apremio por la obtención de la recompensa. De confirmarse en estudios clínicos futuros este nivel de eficacia, tendríamos entre manos un tratamiento que, por fin, ha roto con la idea equivocada de la adicción como enfermedad y que confirma que su efecto es sobre el comportamiento, no sobre una eventual enfermedad cerebral necesitada de tratamiento farmacológico sintomático. El CBD no actuaría entonces sobre eventuales síntomas de una eventual enfermedad, sino sobre las causas del mantenimiento de un hábito conductual.

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El Institute of Medicine y el Rand Corporation’s Drug Policy Research Center concluyen que “la marihuana no tiene ninguna influencia causal sobre la iniciación en las drogas duras”. En contraste, aumenta la evidencia de que el cannabis puede ser usado como una transición para abandonar dependencias de sustancias más peligrosas como los opioides, el alcohol, medicamentos, cocaína y tabaco. Por ejemplo, en aquellas jurisdicciones donde el consumo de marihuana es legal, las investigaciones han constatado una reducción constante del abuso de opioides y la mortalidad asociada. Poco después de la legalización, las muertes asociadas a opiáceos y heroína se redujeron un 20% según datos de la Journal of the American Medical Association. En general, los investigadores del estudio concluyeron que “los estados con leyes sobre el cannabis medicinal tienen una tasa media anual de mortalidad por sobredosis de opiáceos un 24,8 por ciento menor que la de estados sin leyes sobre el cannabis medicinal”. Los datos publicados el pasado mes de abril en la revista Drug and Alcohol Dependence también reportan una dramática disminución en las hospitalizaciones relacionadas con analgésicos opiáceos después de la legalización.

Fuente. 

Estudios clínicos

Desafortunadamente, a pesar de la abrumadora evidencia preclínica y la anecdótica evidencia proveniente de los estudios observacionales, a día de hoy no existen ensayos clínicos en los que se haya puesto a prueba experimentalmente la hipótesis de que el cannnabis y/o los cannabinoides tienen potencial antiadictivo. De hecho, por ejemplo, un artículo reciente cuestiona que exista evidencia suficiente como para considerar el cannabis como tratamiento sustitutivo del alcohol. Lo mismo podría considerarse para el resto de drogas. Aún así, lo cierto es que en el plano práctico la legalización del cannabis terapéutico en muchos estados norteamericanos ha llevado a normalizar su consumo hasta tal punto que existen clínicas de desintoxicación a drogas que permiten a los pacientes utilizar cannabis. Un estudio ha encontrado mejores resultados en indicadores como terminación del tratamiento, problemas médicos o problemas con la justicia entre aquellos pacientes a los que se les permitió consumir marihuana mientras se desintoxican de otras drogas. En este sentido, otro estudio ha encontrado una mayor tasa de adhesión al tratamiento en pacientes con patología dual (Trastorno por déficit de atención y Dependencia de cocaína) entre aquellos pacientes que consumían marihuana durante el proceso de tratamiento. Por eso en la comunidad científica se está pidiendo que se resuelva esta brecha que existe entre el nivel de evidencia pre-clínico y observacional, y la evidencia proveniente de ensayos clínicos. Por lo que respecta a quien esto escribe, junto con la Dra. Raquel Peyraube tenemos precisamente un estudio autorizado por el Comité de Ética del Hospital de Clínicas de Montevideo, Uruguay, pendiente de aprobación por parte del Ministerio de Salud. Estudio que si algún día se aprueba vendrá precisamente a dar respuesta a lo que los mencionados especialistas vienen pidiendo a la comunidad científica que resuelva.

Fuente.

El papel de la marihuana en la crisis de los opiáceos

PCannabis y opiáceos, dos sustancias muy diferentes pero que forman parte de un debate muy importante en el ámbito de paliar el dolor crónico. Los opiáceos son un gran grupo de medicamentos que van desde los ilegaleas, como la heroína, hasta los legales como la codeína, la morfina o el fentanilo. Estos últimos existen con el propósito de ayudar a los pacientes que sufren de dolor crónico. Son medicamentos efectivos, ya que consiguen reducir la emisión de mensajes de dolor que el sistema nervioso envía al cerebro, pero a al vez cuentan con una gran desventaja: pueden generar mucha dependencia durante su tratamiento. Así, cuentan con efectos secundarios que van desde estreñimiento, vómitos y náuseas. Aunque a la larga pueden entrañar problemas más serios relacionados con la dependencia, el abuso y la sobredosis.

Estos efectos secundarios no deseados están llevando a muchos terapeutas a reconsiderar estas medicaciones y buscar opciones alternativas. No nos pilla por sorpresa que el Cannabis medicinal está jugando un papel relevante en la sociedad actual. Especialmente en el ámbito de paliar efectos secundarios adversos de tratamientos con quimioterapia, dolor crónico y más afecciones graves. Por eso cada vez suenan con más fuerza estudios científicos que avalan el tratamiento de este dolor crónico con derivados del Cannabis como el CBD. Por lo que el debate que enfrenta a Cannabis y opiáceos está servido.

Fuente.

Estudios clínicos amplios han probado las propiedades analgésicas de los derivados del cannabis. Entre las posibles indicaciones están el dolor neurológico de la esclerosis múltiple, el originado tras causar daño al plexo braquial, en la infección por VIH, la artritis reumatoidea, el cáncer, el dolor de cabeza, la dismenorrea, la inflamación crónica intestinal y las neuralgias.

El dolor crónico se caracteriza por tener una duración superior a 3-6 meses, puede persistir inclusive si la causa ha desaparecido y puede subclasificarse en dolor nociceptivo (causado por el tejido inflamado o dañado que activa los nociceptores de un sistema nervioso intacto) y dolor neuropático (causado por una lesión o disfunción del sistema nervioso).

Dolor crónico y fármacos convencionales

El dolor es un trastorno universal que supone uno de los mayores retos para la salud pública, tanto en términos clínicos como económicos y que no sólo afecta a la persona que lo padece, sino que tiene una inmensa repercusión en su entorno. No hay nada más desesperante para un paciente y sus allegados que el padecimiento por parte del primero de un dolor crónico, que cuando no es tratado adecuadamente puede llegar a afectar a la dignidad de la persona. Numerosas patologías médicas cursan con dolor: artritis, migrañas, lesiones neuronales, cáncer y un largo etcétera. Actualmente se dispone de una gran cantidad de fármacos para el tratamiento del dolor con un grado de eficacia variable, según cada paciente y cada patología. Cada día hay más investigación en la que se demuestra que el cannabis puede ser tanto un coadyuvante de los fármacos convencionales existentes para tratar el dolor, como una medicina sustitutiva de dichos fármacos. De hecho, de entre todos los pacientes que hacen uso de cannabis medicinal, una de las principales patologías por las que la usan es para tratar el dolor crónico.

Por ejemplo, de las personas registradas en los programas de cannabis medicinal de los Estados Unidos, el 92,2% de los pacientes lo usan para el tratamiento del dolor grave y crónico. Con respecto a una muestra de 628 usuarios de marihuana medicinal en Canadá, el dolor estaba entre los tres principales síntomas. El 72% de los pacientes refirieron que la marihuana fue siempre útil y el 24% que lo era frecuentemente. Aunque algo más de la mitad de la muestra total manifestó usar otras medicaciones; de ellos, casi el 80% refirió que la marihuana tenía menos efectos secundarios que el resto de fármacos.

Con relación a una muestra internacional que incluía pacientes de diferentes países europeos y norteamericanos, la condición médica principal por la que los pacientes utilizaban marihuana medicinal era también el dolor crónico (29,2%). En una encuesta realizada en el Reino Unido entre pacientes que se auto-medicaron con cannabis, el 40% refirió hacerlo para el tratamiento del dolor y, en España, una encuesta realizada sobre 2250 pacientes sobre uso de cannabis medicinal para tratar sus patologías médicas, de los cuales respondió el 5,8%, el 44,6% refirió que lo utilizaba para el tratamiento de los síntomas del dolor. Con relación al alivio de los síntomas, en una encuesta norteamericana compuesta en el 97% por pacientes con dolor crónico, se preguntó por el grado de alivio que experimentaba al utilizar cannabis: en una escala de 0 a 10 de intensidad del dolor, la disminución media fue de 5 puntos (7,8 a 2,8) entre antes y después de consumir cannabis, lo cual implica una disminución relativa promedio del 64%. La mitad de los encuestados informó también experimentar alivio del estrés y la ansiedad secundarios a la enfermedad y casi la mitad (45%) refirió alivio del insomnio. La mayoría de los pacientes (71%) no refirieron experimentar efectos adversos.

Fuente.

Acción de los cannabinoides

Se sabe de dos cannabinoides responsables de la mayor parte de los efectos terapéuticos del cannabis: el cannabidiol (CBD) y el tetrahydrocannabinol (THC). Y ambas sustancias interactúan con el sistema endocanabinoide (SEC).

El SEC desempeña un papel importante en varias funciones reguladoras. Tales como lo son el apetito, sueño y sensación del dolor por mencionar algunas.

Las enfermedades crónicas suponen un gran peso en quienes las padecen. Los dolores y la dificultad que ello supone, son uno de los principales impedimentos de las enfermedades crónicas. La forma usual de tratar algunos de los dolores es el uso de analgésicos, en algunos casos opioides.

La desventaja del uso de los opioides es el gran potencial adictivo que tienen. Por no mencionar la posibilidad de una sobredosis y lo grave que puede ser el síndrome de abstinencia de opioides. Todo ello ha llevad a países como Estados Unidos a un grave problema conocido como “crisis de opioides”.

Por la interacción de los componentes de la marihuana con el cuerpo. La marihuana tiene el efecto de disminuir la sensación de dolor en las personas. Además, la toxicidad de la marihuana es tan baja que no se tiene registrado algún caso de sobredosis. Lo que la convierte en un candidato ideal para uso analgésico prolongado.

Por las razones mencionadas, muchos pacientes con acceso al cannabis medicinal están optando por esta alternativa.

Fuente.

Tipo de cannabinoides que interactuan con el dolor crónico

Las propiedades analgésicas de los cannabinoides se deben básicamente a la presencia de los receptores cannabinoides CB1 (y en menor cantidad CB2, y TRPV) a nivel del sistema nervioso central y periférico. Un estímulo de dolor llega a través de las vías nerviosas a la médula espinal y desde ahí es transmitido hacía zonas del cerebro relacionadas con el procesamiento del dolor. La activación de receptores cannabinoides presentes tanto en la médula como en el cerebro inhiben la transmisión de estas señales dolorosas. A nivel periférico además de inhibir la transmisión de señales, la activación de CB2 reduce la liberación de mediadores proinflamatorios en el lugar de la lesión.

El sistema endocannabinoide se localiza frecuentemente junto con el más potente y mejor conocido sistema de control del dolor: el sistema opioide. Ambos están presentes en las principales estructuras nerviosas implicadas en la transmisión del dolor y se ha podido observar un efecto sinérgico entre ambos sistemas en el control del dolor (Mazanares y cols.,1999; Yesilyurt y cols., 2003).

En un estudio cruzado de doble ciego realizado por Wilsey B., se observó la reacción de treinta y ocho pacientes con dolor neuropático central y periférico que se sometieron a tratamiento con cannabis. Aquí se pudo comprobar que sí hubo una respuesta analgésica sobre estos pacientes, además los efectos psicoactivos fueron mínimos y bien tolerados.

Sin embargo, en un estudio realizado por “Clinical Pharmacology and Therapist”, no se observó ningún cambio significativo en la concentración/tiempo en plasma de Morfina (opioide) después de la exposición al cannabis, pero sí se pudo observar una reducción significativa del dolor crónico después de la adición de cannabis vaporizado. Por lo tanto, se concluyó que: “El cannabis vaporizado aumentaba los efectos analgésicos de los opioides sin alterar significativamente los niveles del mismo en plasma, permitiendo que esta combinación logre reducir las dosis del fármaco, junto a sus efectos secundarios”.

A base de estos datos se puede concluir que la administración conjunta de cannabinoides con opioides podría potenciar el efecto analgésico ofreciendo además ventajas de seguridad ya que de esta manera se reduce la cantidad necesaria de opioides y consecuentemente la aparición de efectos secundarios debidos a estos.

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Dolor oncológico

En pacientes con cáncer, la incidencia del dolor es de un 30 a un 90%, según la fase evolutiva de la enfermedad. El dolor oncológico puede ser debido directa o indirectamente al tumor (lesión directa por filtración tumoral o inflamación, compresión, oclusión vascular, obstrucción visceral, invasión de estructuras nerviosas), consecuencia del tratamiento oncológico, o bien de origen no neoplásico. El objetivo de su tratamiento es aliviar el dolor y mejorar la calidad de vida. Se debe identificar la causa en cada caso. El apoyo psicológico es muy importante, la mayoría de pacientes con dolor oncológico desarrollan otros síntomas físicos o psíquicos como anorexia, alteraciones del sueño, alteraciones del humor y del estado global de salud.

Actualmente se recomienda el tratamiento analgésico de tres escalones aconsejado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En cualquiera de los tres escalones se pueden asociar, si es necesario, fármacos adyuvantes, como imipramina o carbamacepina en caso de dolor neuropático, bifosfonatos en caso de dolor por metástasis óseas, o bien dexametasona en algunos tipos de dolor visceral y en el dolor por metástasis intracraneal, entre otros.

La mayoría de los pacientes con dolor oncológico necesitan tarde o temprano tratamiento con opioides. Estudios observacionales sugieren que cerca de un 70% de los pacients con dolor oncológico reciben opioides, y de éstos un 12% son tratados con dosis altas de morfina y presentan efectos indeseados frecuentes, como constipación (74%), náuseas (42%) o vómitos (36%).

Añadidos al tratamiento de base en pacientes con dolor oncológico, los cannabinoides podrían mejorar el control del dolor y reducir las necesidades de opioides. Estos pacientes se podrían beneficiar no sólo del efecto analgésico del cannabis y sus derivados, sino también de sus efectos sedante, ooroxígeno y antiemético, los cuales podrían contribuir a mejorar la calidad de vida.

Fuente.

Dolor neuropático crónico en pacientes adultos

Los fármacos con cannabis pueden aumentar el número de pacientes que logran un alivio del dolor del 50% o más en comparación con placebo (21% versus 17%; diferencia de riesgos [DR] 0,05 [intervalo de confianza (IC) del 95%: 0 a 0,09]; NNTB 20 [IC del 95%: 11 a 100]; 1001 participantes, ocho estudios, evidencia de baja calidad). La evidencia de mejoría en la Patient Global Impression of Change (PGIC) con cannabis se consideró de calidad muy baja (26% versus 21%; DR 0,09 [IC del 95%: 0,01 a 0,17]; NNTB 11 [IC del 95%: 6 a 100]; 1092 participantes, seis estudios). Más participantes se retiraron de los estudios debido a eventos adversos con los fármacos con cannabis (10% de los participantes) que con placebo (5% de los participantes) (DR 0,04 [IC del 95%: 0,02 a 0,07]; NNTD 25 [IC del 95%: 16 a 50]; 1848 participantes, 13 estudios, evidencia de calidad moderada). No hubo evidencia suficiente para determinar si los fármacos con cannabis aumentan la frecuencia de eventos adversos graves en comparación con placebo (DR 0,01 [IC del 95%: ‐0,01 a 0,03]; 1876 participantes, 13 estudios, evidencia de baja calidad).

Los fármacos con cannabis probablemente aumentan el número de pacientes que logran un alivio del dolor del 30% o más en comparación con placebo (39% versus 33%; DR 0,09 [IC del 95%: 0,03 a 0,15]; NNTB 11 [IC del 95%: 7 a 33]; 1586 participantes, 10 estudios, evidencia de calidad moderada). Los fármacos con cannabis pueden aumentar los eventos adversos del sistema nervioso en comparación con placebo (61% versus 29%; DR 0,38 [IC del 95%: 0,18 a 0,58]; NNTD 3 [IC del 95%: 2 a 6]; 1304 participantes, nueve estudios, evidencia de baja calidad). Los trastornos psiquiátricos ocurrieron en el 17% de los participantes que utilizaron fármacos con cannabis y en el 5% de los que utilizaron placebo (DR 0,10 [IC del 95%: 0,06 a 0,15]; NNTD 10 [IC del 95%: 7 a 16]; 1314 participantes, nueve estudios, evidencia de baja calidad).

Los posibles efectos beneficiosos de los fármacos con cannabis (hierba de cannabis, THC obtenido de la planta o sintético, aerosol para la mucosa oral de THC/CBD) sobre el dolor neuropático crónico podrían importar más que sus posibles efectos perjudiciales. La calidad de la evidencia para los resultados de alivio del dolor refleja la exclusión de los estudios de los participantes con antecedentes de consumo de sustancias y otras comorbilidades significativas, junto con los tamaños pequeños de la muestra.

Fuente.

En una serie de síndromes dolorosos secundarios a procesos inflamatorios (por ejemplo la colitis ulcerosa y la artritis), los productos del cannabis pueden actuar no solo como analgésicos sino además con un demostrado efecto anti-inflamatorio. Por ejemplo, algunos pacientes que utilizan cannabis manifiestan necesitar menos esteroides y otros antiinflamatorios no esteroideos. Además hay algunos casos registrados de beneficio en pacientes con diversos trastornos alérgicos que se han automedicado con cannabis. Aún no está claro el mecanismo por el cual los productos del cannabis benefician determinadas enfermedades autoinmunes.

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El uso en la epilepsia es también otras de las indicaciones terapéuticas clásicas del cannabis, los experimentos con animales han evidenciado el efecto antiepiléptico de algunos cannabinoides, y la actividad anticonvulsionante de la fenitoína y del diacepam se ven potenciados con el THC. Según unos pocos casos recogidos a lo largo del siglo 20, mediante el uso del cannabis, algunos epilépticos han sido capaces de controlar totalmente los síntomas. El cannabis puede ocasionalmente precipitar convulsiones.

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El cannabis está valorado por los pacientes como el tratamiento más eficaz para la fibromialgia

El cannabis es mucho más eficaz para los síntomas de la fibromialgia que cualquiera de los tres medicamentos aprobados por la Food and Drug Administration. Esa es una de las conclusiones de una encuesta on-line realizada a más de 1.300 pacientes con fibromialgia por las norteamericanas National Pain Foundation y la National Pain Report. La FDA tiene aprobados tres medicamentos – Duloxetina, Pregabalina y Milnacipran – para el tratamiento de la fibromialgia. La mayoría de quienes los han probado dicen que no funcionan. «Siempre es bueno saber lo que opinan nuestros pacientes”, dijo el doctor Mark Ware, profesor asociado de medicina de familia y anestesia de la Universidad de McGill en Montreal, Canadá.

«La fibromialgia es devastadora para aquellos que deben vivir atrapados en sus garras. Hay muchas cosas que no entendemos. Necesitamos soluciones innovadoras … que cambien la faz de esta enfermedad«, dijo el Dr. Dan Bennett, presidente de la National Pain Foundation. Muchos de los que respondieron a la encuesta dijeron que habían probado los tres medicamentos aprobados por la FDA. El 62% de los que han ensayado con el cannabis dicen que es muy eficaz para el tratamiento de sus síntomas de fibromialgia. Al preguntarles sobre la eficacia de los medicamentos aprobados, la Duloxetina fue calificado como muy eficaz por el 8%, la Pregabalina para un 10% y la Milnacipran por el 10%.

Fuente: Marijuana Rated Most Effective for Treating Fibromyalgia

 

El consumo de cannabis reduce los síntomas de los pacientes con fibromialgia

En el Institut de Recerca Hospital del Mar de Barcelona, se llevó a cabo un estudio clínico abierto con 56 pacientes con fibromialgia para investigar los efectos del cannabis sobre los síntomas y la calidad de vida. La mitad de los enfermos eran consumidores de cannabis y 28 no. Se registró la información sobre el consumo de cannabis en un cuestionario específico, así como los beneficios percibidos con dicha planta para una serie de síntomas mediante escalas analógicas visuales estándar. Tanto los consumidores de cannabis como los no consumidores completaron tres cuestionarios relacionados con los síntomas de la fibromialgia y la calidad de vida.

Después de 2 horas del consumo de cannabis las escalas analógicas visuales mostraron una reducción estadísticamente significativa del dolor y la rigidez, mejoría de la relajación, y un aumento de la somnolencia y sensación de bienestar. Las puntuaciones sobre salud mental en un cuestionario fueron mejores en los fumadores de marihuana que en los no fumadores. Los investigadores concluyen afirmando que «el consumo de cannabis se asoció con efectos beneficiosos sobre algunos síntomas de la fibromialgia. Son necesarios más estudios sobre la utilidad de los cannabinoides en pacientes con FM, así como la implicación del sistema cannabinoide en la fisiopatología de esta enfermedad».

Fuente: Cannabis use in patients with fibromyalgia: effect on symptoms relief and health-related quality of life

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Según un estudio piloto el THC reduce el dolor en la fibromialgia

Científicos del Departamento de Anestesiología y Cuidados Intensivos del Hospital Universitario de Mannheim han estudiado el efecto del THC oral en nueve pacientes con fibromialgia, síndrome crónico doloroso de origen desconocido. En los cuatro participantes que terminaron el ensayo de tres meses de duración, el dolor se redujo de media un 67 por ciento. Los cuatro experimentaron una reducción mayor del 50 por ciento. 3 semanas antes del inicio del estudio a los pacientes se les retiró toda la medicación que tomaban contra el dolor. Después recibieron una dosis oral diaria entre 2’5 y 15 mg de THC. Comenzando con 2’5 mg, la dosis fue siendo aumentada semanalmente en 2’5 mg de THC mientras que no apareciesen efectos secundarios severos. Una vez a la semana, 24 horas después de administrado el THC y un día antes de cualquier aumento de la dosis, a los pacientes se les inducía un estímulo doloroso eléctrico. Por otra parte, la intensidad del dolor fue registrada diariamente por medio de una escala numérica del dolor, entre los márgenes de 0 (ningún dolor) y 10 (dolor máximo imaginable).

Cinco de los nueve participantes terminaron el estudio antes de alcanzar la dosis máxima de 15 mg debido a efectos secundarios graves, principalmente sedación, mareos, fatiga y cansancio continuo. El dolor experimental inducido fue reducido de manera significativa por el THC a dosis comprendidas entre 10 y 15 mg. La intensidad del dolor registrada a diario fue reducida de media desde 8’1 al principio del estudio a 2’8 trascurridos los tres meses.

Fuente: Delta-9-THC based monotherapy in fibromyalgia patients on experimentally induced pain, axon reflex flare, and pain relief.

En 1971, durante una investigación metodológica de los efectos sobre la salud en usuarios de cannabis, se observó que el cannabis reduce la presión incraocular. En los siguientes 12 años se llevaron a cabo un gran número de estudios con cannabis y distintos cannabinoides naturales y sintéticos sobre los efectos en el organismo humano así como en pacientes de glaucoma, observándose que el cannabis desciende la presión intraocular en un rango de 25-30%, llegando ocasionalmente hasta un 50%. Algunos cannabinoides no psicoactivos, y en menor medida, algunos constituyentes no cannabinoides de la planta de cáñamo también decrecen la presión intraocular.

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El cannabis puede ser beneficioso en enfermos que padezcan TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad).

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Hay recogidos una serie de casos de buenos resultados obtenidos en situaciones médicas de difícil clasificación, como el hipo, la hipertensión arterial, el tinnitus, la enfermedad de Huntington, el Parkinson, el síndrome de fatiga crónica, el síndrome de las piernas inquietas, entre otras. Han sido descritas por diferentes autores cientos de posibles indicaciones para el cannabis y el THC. Un ejemplo es el de los satisfactorios resultados en el tratamiento de un caso de hipo crónico secundario a una intervención quirúrgica. Ninguna medicina le era eficaz, pero tras fumar un cigarro de cannabis le desaparecían completamente los síntomas.

Los productos del cannabis muchas veces muestran muy buenos resultados en enfermedades con síntomas múltiples que entran dentro del espectro terapéutico del THC, como por ejemplo, en situaciones dolorosas de origen inflamatorio (como en la artritis), o que acompañan a espasmos musculares (como en los espasmos menstruales o en lesiones de la medula espinal) o en enfermedades en las que coinciden nauseas y anorexia con dolor, ansiedad y depresión (por ejemplo en SIDA, cáncer, hepatitis C).

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El tratamiento para los efectos secundarios asociados a la terapia anti neoplásica ha sido una de las indicaciones terapéuticas más documentadas, con alrededor de 40 estudios (con THC, nabilona, otros análogos al THC, cannabis) y la mayoría de los estudios se llevaron a cabo en los 80. El THC administrado de forma aislada necesita dosis relativamente altas, por lo que comparativamente es más frecuente la aparición de efectos secundarios. En un estudio el THC se mostró menos eficaz que altas dosis de metoclopramida. No hay hechas evaluaciones que comparen al THC con los modernos antagonistas serotoninérgicos. Algunas recientes investigaciones han demostrado que a bajas dosis el THC mejora la eficacia de otros fármacos antieméticos cuando se administran juntos. Existen pruebas obtenidas a partir de estudios clínicos de que los cannabinoides también son eficaces en las nauseas y vómitos secundarios a radioterapia y los que se presentan en el postoperatorio. En la medicina tradicional los cannabinoides son muy populares y a menudo se han usado para las nauseas provocadas por otras enfermedades, como el SIDA, la hepatitis y las nauseas del embarazo.

nauseas y vomitos cannabis 2 medicinal

 


El THC es eficaz en una mujer que no era capaz de mantener el peso por vómitos contínuos

Los médicos de la Escuela de Medicina de Harvard de Boston presentaron un caso de una mujer de 58 años con antecedentes de náuseas, vómitos, dolor abdominal e incapacidad de mantener la ingesta oral después de múltiples cirugías abdominales. Después de ocho años de ensayos fallidos de medicamentos, modificaciones en la dieta y una colectomía parcial, comenzó un tratamiento con THC oral (cápsulas de dronabinol), lo que provocó la remisión casi completa de sus síntomas. Cuando este medicamento fue suspendido por su seguro de salud, fue incapaz de mantener la ingesta oral y, por tanto, fue ingresado en el hospital para reanimación con líquidos y reanudación del THC.

Los autores afirman: «El uso del dronabinol en este paciente con alteración grave de la motilidad intestinal le permitieron mantener su estado nutricional por vía oral, prescindiendo de la necesidad de alimentación enteral o parenteral. Por desgracia, no estaba cubierto por su compañía de seguros para esta indicación«. Llegan a esta conclusión: «El dronabinol tiene el potencial de mejorar la calidad de vida de los pacientes más allá de los que reciben quimioterapia o padecen SIDA«.

Fuente: The successful use of dronabinol for failure to thrive secondary to intestinal dysmotility

 

El THC es eficaz en el tratamiento de las náuseas y vómitos en el cáncer terminal

El THC puede ser muy eficaz en el tratamiento de las náuseas y vómitos en el cáncer en fase terminal que no responde a otros medicamentos, según un caso clínico presentado por investigadores de la Facultad de Medicina de Tampa de la Universidad de Florida del Sur, EE.UU. Las náuseas y los vómitos son los síntomas más comunes y a menudo altamente preocupante en el cáncer avanzado y sus cuidados paliativos. Hasta el 7% de los pacientes tienen síntomas refractarios.

El THC ha sido extensamente estudiado para las náuseas y los vómitos relacionados con la quimioterapia, pero sólo hay unos pocos informes de casos de su uso en las náuseas y los vómitos no relacionados con la quimioterapia. Los investigadores informaron de un paciente con cáncer de ovario en fase terminal con carcinomatosis peritoneal y náuseas y vómitos refractarios que respondió de forma extraordinaria al añadirle el dronabinol (THC).

Fuente: Dronabinol treatment of refractory nausea and vomiting related to peritoneal carcinomatosis.

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El extracto de cannabis es eficaz en la prevención de las náuseas y vómitos inducidos por la quimioterapia

Varias instituciones científicas españolas han participado en un pequeño estudio aleatorio, doble ciego, ensayo clínico controlado con placebo con un extracto de cannabis (Sativex) en el tratamiento de las náuseas y los vómitos causados por diferentes formas de quimioterapia. El Sativex contiene parecidas cantidades de THC (dronabinol) y CBD (cannabidiol). Los pacientes con náuseas a pesar de la profilaxis con tratamiento antiemético estándar fueron asignados al azar al grupo cannabis o al placebo durante 5 días posteriores a la quimioterapia, añadido al tratamiento estándar antiemético. El criterio de valoración para el análisis de eficacia preliminar fue la proporción de enfermos que presentaron respuesta completa o parcial.

Siete pacientes fueron asignados al azar al Sativex y nueve al placebo. Un paciente del grupo cannabis fue retirado del estudio debido a los efectos adversos. En el grupo que recibió cannabis una mayor proporción de enfermos experimentaron una respuesta completa durante el período de observación global (71’4 por ciento) en comparación con el grupo placebo (22’2 por ciento). La incidencia de efectos adversos fue mayor en el grupo Sativex (86 por ciento vs 67). No presentaron efectos secundarios graves. La dosis media diaria fue de 4’8 aerosoles en ambos grupos (que corresponde a 12 mg de THC para el grupo de cannabis). Los autores concluyen diciendo que el cannabis «añadido a la terapia antiemética estándar fue bien tolerado y proporciona una mejor protección» contra las náuseas y los vómitos tardíos.

Fuente: Preliminary efficacy and safety of an oromucosal standardized cannabis extract in chemotherapy-induced nausea and vomiting.

De acuerdo con pequeños estudios clínicos los cannabinoides, tanto por vía general como por vía tópica en pomada, disminuyen el prurito provocado por distintas causas, como por ejemplo el prurito severo que ocurre en las enfermedades hepáticas.

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Hay algunos informes anecdóticos acerca del beneficio terapéutico del cannabis en el síndrome de Tourette’s, en la distonía y la disquinesia tardía. El uso en el síndrome de Tourette’s está actualmente empezándose a investigar en estudios clínicos y mientras muchos pacientes sólo muestran una mínima mejoría, algunos consiguen una respuesta considerable o el control total de los síntomas. En algunas pacientes de esclerosis múltiple se ha observado beneficio en la reducción de la ataxia y los temblores tras la administración de THC. A pesar de haber casos anecdóticos publicados de mejoría en el parkinsonismo y en la enfermedad de Huntington, no se han podido objetivizar dichos datos. Sin embargo, los productos derivados del cannabis pueden ser útiles en la disquinesia inducida por el tratamiento con levodopa en la enfermedad de Parkinson sin que se produzca un empeoramiento de los síntomas principales.

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El CBD como antipsicótico

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 51 millones de personas en todo el mundo sufren trastorno bipolar y casi la misma cantidad padecen esquizofrenia. Los medicamentos antipsicóticos disponibles actualmente en el mercado para tratar este tipo de padecimientos pueden tener una serie de efectos secundarios graves, desde mareos y vómitos hasta depresión, insomnio o pensamientos suicidas.

Al tomar estos medicamentos antipsicóticos, el usuario debe tener en cuenta sus efectos secundarios adversos. En este sentido, hay personas que han comenzado a pensar en el cannabis medicinal como terapia alternativa para tratar sus padecimientos.

antipsicótico



 

El cannabis medicinal suele utilizarse para aliviar la ansiedad y la depresión, así como para ayudar a las personas a lidiar con los cambios de humor severos provocados por el trastorno bipolar. Sin embargo, varios estudios han demostrado que un aumento en el consumo de productos con alto contenido de THC y cannabis (especialmente a una edad más temprana) también puede aumentar el riesgo de que los individuos desarrollen una enfermedad psicótica como esquizofrenia, paranoia o trastorno bipolar. Esto se debe a la psicoactividad del THC. En este sentido, algunas investigaciones sugieren que esto solo es evidente en personas que están genéticamente predispuestas a estos trastornos.

Desde 1982 se han llevado a cabo investigaciones sobre los efectos antipsicóticos del cannabidiol, la otra molécula más importante en el cannabis. Se descubrió que el THC se une increíblemente bien con el receptor CB1 dentro del sistema endocannabinoide en nuestros cuerpos, mientras que el CBD no lo hace.

En resumen, el THC activa los receptores CB1 al imitar a la Anandamida y el CBD impide que el THC actúe de esta manera. Es decir, no se suprime el receptor CB1, simplemente regula el efecto del THC sobre él.  Los resultados de algunos de estos estudios indican claramente que el CBD se comporta en estudios preclínicos y clínicos como antipsicótico atípico, mejorando los síntomas psicóticos en dosis que no alteran la función motora.  REFERENCIAS

Zuardi, Antonio et alt. (2012). A Critical Review of the Antipsychotic Effects of Cannabidiol: 30 Years of a Translational Investigation. Current pharmaceutical design. 18. 5131-40. 10.2174/138161212802884681.

Schier, A., et alt. (2014). Antidepressant-Like and Anxiolytic-Like Effects of Cannabidiol: A Chemical Compound of Cannabis sativaCNS & Neurological Disorders – Drug Targets, 13(6), pp.953-960.

Rcpsych.ac.uk. (2017). Cannabis and mental health.

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Se ha observado una mejoría en el humor en la depresión reactiva en algunos estudios con THC y hay también recogido además casos de beneficio con cannabinoides en otros síntomas y enfermedades psíquicas, como trastornos del sueño, ansiedad, psicosis esquizofrénica y distimia. Según algunos casos clínicos el THC es eficaz en los trastornos compulsivos graves refractarios a tratamiento convencional. Los cannabinoides también pueden reducir los síntomas del trastorno de estrés postraumático. Distintos autores han expresado diferentes puntos de vista en cuanto a los síndromes psiquiátricos y el cannabis, mientras unos enfatizan el problema causado por el cannabis otros promueven sus posibilidades terapéuticas. Muy posiblemente los productos del cannabis pueden ser beneficiosos o peligrosos, dependiendo del caso particular.